Esperanza, ¡la tuya! – Áxel Capriles M.
No sé por qué se me ocurre andar esperanzado estos días. La semana pasada le dije a un amigo que había perdido el trabajo por el cierre de su empresa a causa del Covid: «hay que mantener la esperanza, las cosas van a mejorar», y como si lo hubiera insultado me respondió: «esperanza, ¡la tuya, pendejo!»No es que yo sea un inocente optimista. A pesar de la crítica, yo apuesto a la esperanza. Me gusta la promesa; sostengo la ilusión. A lo mejor es por aquello del señor Thomas Malthus, el sombrío clérigo anglicano que, en el siglo XVIII, en su Ensayo sobre el principio de la población, vaticinó que todos nos moriríamos de hambre. En vista de que el crecimiento de la población se daba en progresión geométrica, mientras que la producción de alimentos sólo aumentaba en progresión aritmética, el e...


