
Fuente: https://www.royalcourt.no/
La casa real noruega podría considerarse la menos conocida para quienes estamos lejos de esas latitudes. A mediados del siglo XX, Harald de Noruega se casó con una plebeya, lo que causó controversia. Sin embargo, Sonja ha sido una reina enmarcada dentro de los cánones de su rol: primero, como princesa heredera y luego como consorte del monarca. Cumplió con uno de sus deberes y le dio dos hijos a la corona: Märtha Louise y el príncipe heredero Haakon Magnus, ambos han dado más visibilidad a la corona, sin que esto signifique que han sumado puntos.
Märtha Louise fue noticia por su divorcio, afecto al esoterismo y posterior boda con un chamán. Haakon llevó hasta la entonces desconocida monarquía, a las primeras páginas de la prensa internacional, al convertir a una representante del vulgo, en su esposa, Mette-Marit Tjessem Høiby, con una juventud temeraria que incluyó malas compañías y por asumir la maternidad aún soltera. Tuvo que convencer a la gente para ganarse la simpatía y el respeto.
Hoy Mette-Marit lleva a la casa real noruega a los grandes titulares y esta vez sube de tono: no es la prensa rosa, sino la llamada crónica roja donde vemos su nombre. Es la madre de un joven a quien se le abre un juicio por violación y tenencia de drogas. Además, su nombre aparece numerosas veces en los documentos de Jeffrey Epstein e incluso revelan una “cierta” cercanía, pues señalan que en 2013 lo visitó en su residencia.
La princesa pide disculpas por su ligereza al no investigar mejor el trasfondo de Epstein y por no darse cuenta lo suficientemente rápido de la clase de persona que era. Pero desde 2005 comenzaron las investigaciones sobre este oscuro personaje y un año más tarde fue acusado de sexo con una menor y su caso llegó a un gran jurado. Este solo hecho encendería las alarmas en cualquier otra persona, alejándose de ese personaje.
¿La princesa guardó en secreto esa amistad, no la comentó con su esposo, el heredero? En cuanto a su hijo, este se quejó en juicio de sentirse acosado por la prensa, lo que lo llevó a trastornos de conducta. Me pregunto: ¿El criterio y la responsabilidad dónde quedan?