
Fuente: https://www.pexels.com/
Lavé las cosas de la cena y recogí todo. Apagué la luz de la cocina y, antes de irme a la cama, pasé al baño. Cuando me enjuagué la boca luego de lavarme los dientes, había unos hilos de sangre en el lavamanos, haciendo una especie de remolino por el desagüe. Me pasé la lengua para ver si me había lastimado, pero no sentí nada. Volví a enjuagarme y sentí un sabor intenso a hierro en la boca.
Esta vez, el agua que escupí era totalmente roja. Pero exageradamente roja.
Prendí la luz del espejo y abrí la boca para revisarme. Las encías, la lengua, la garganta, parecían de un color que se debatía entre el rosado y el gris. ¿Anemia? Pero si estaba bien. Volví a escupir y ya no era tan roja, pero mis labios parecían blancos.
De pronto, noté mis manos y mis brazos de una tonalidad ceniza. Fui rápido al espejo del cuarto, encendí la luz y pude ver mi cuerpo blanco. No era como el papel, era como si me estuviese quedando sin pigmentación. Tampoco era transparente, solo no tenía color. El cabello aún estaba igual, pero ahora mis ojos dejaron de ser verdes. Me siento bien. No estoy bajo los efectos de alguna droga o veneno. He estado solo desde la tarde en casa. No ha pasado nada raro.
Vuelvo al baño y me empiezo a lavar, primero en el lavamanos y luego en la ducha. No hay un agua llena de colores. No me estoy destiñendo, me estoy decolorando.
Creo que he perdido de pronto mi capacidad de fijar los colores. No me siento mal, al menos físicamente que pueda percibir. Veo igual, puedo sentir con mis manos. Siento aún el sabor de la pasta de diente mezclada con la sangre. Nada cambió, solo perdí mis tonos.
Mejor me recuesto y descanso. No siento que tenga mucho sentido ir a emergencias. Yo sé que todo esto es muy raro, pero estoy bien.
Ojalá mañana me vea como siempre y haya recobrado los colores. Si no, tendré que salir a comprar ropa nueva. Tengo puras franelas negras y creo que voy a terminar viéndome como el personaje de una película antigua.