Descolorido,
por Javier Volcán
Lavé las cosas de la cena y recogí todo. Apagué la luz de la cocina y, antes de irme a la cama, pasé al baño. Cuando me enjuagué la boca luego de lavarme los dientes, había unos hilos de sangre en el lavamanos, haciendo una especie de remolino por el desagüe. Me pasé la lengua para ver si me había lastimado, pero no sentí nada. Volví a enjuagarme y sentí un sabor intenso a hierro en la boca.
Esta vez, el agua que escupí era totalmente roja. Pero exageradamente roja.
Prendí la luz del espejo y abrí la boca para revisarme. Las encías, la lengua, la garganta, parecían de un color que se debatía entre el rosado y el gris. ¿Anemia? Pero si estaba bien. Volví a escupir y ya no era tan roja, pero mis labios parecían blancos.
De pronto, noté mis manos y mis brazos de una tonalidad ceniza....




