De pequeño, me maravillaba escuchar historias de pigmeos, aquellos diminutos aborígenes de piel negra que habitaban en los escondrijos de la más remota selva del África ecuatorial. Recuerdo películas de televisión y comics con los estereotipos de los exploradores blancos atados dentro de una marmita al fuego, sabroso manjar de los caníbales, nómadas de los bosques que danzaban a su alrededor con lanzas, arcos y flechas, adornados con pequeños huesos atados al cabello recogido en la cresta de su cabeza. La mitología de los pigmeos, sin embargo,...