Gente que Cuenta

Gato Montés,
por Leonor Henríquez

Friedrich Specht Atril press
Friedrich Specht, (1839-1909)
Lince, grabado a color,
Fuente: https://www.meisterdrucke.fr/

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    Me invitó un café en un día helado, esos de -20˚ C.

Era ya media mañana así que bajé a la cocina y ya con mi humeante cafecito en la mano me asomé a la ventana.

Me sorprendió.

Allí estaba él, sigiloso, astuto, ágil.

Majestuoso.

Yo me quedé mirando entre estupefacta y maravillada. Un shock para mi iconografía tropical.

En segundos el felino brincó la cerca y se fue al jardín de los vecinos.

Sí, era un gato montés, familia de los linces (Lynx canadensis), o bobcat como se le conoce aquí en Canadá.

Digo que me hizo una invitación, porque según nuestras “Primeras Naciones” (First Nations), los encuentros con nuestros animales espirituales nunca son casuales, ellos nos llaman, nos eligen para dejarnos mensajes profundos.

El gato montés que me convidó esa mañana era enorme, con sus orejas puntiagudas, cola corta y manchas semejantes a un leopardo.

Estuve sin habla por los segundos que duró la visita, y claro he aquí mi posterior reflexión.

Los animales espirituales tienen un significado sagrado y he aprendido que se manifiestan en momentos de grandes cambios en la vida o en otros casos, como el de hoy, se manifiestan para ayudarnos a mantener la mente abierta.

Yo voy a tomarlo como signo de visión y lucidez pues estos gatos poseen una vista sobrehumana y tienen la habilidad de anticipar movimientos, en otras palabras, intuición.

Mi encuentro con el bobcat es un recordatorio para conectar con esa virtud de ver más allá de lo evidente.

Pasaron los días y aún conservo la imagen del gato montés en mi cabeza. Sigue allí grácil y libre, aunque invisible, cada vez que me asomo a la ventana. Al final, estas citas no fortuitas parecieran puentes entre este mundo físico y otros más amables.

En fin, los invito a asomarse a sus ventanas, las de nuestras casas o esas otras fluidas y eternas, las del alma.

Con suerte quizás mañana un alce, un lobo o un ciervo, o en otras latitudes una guacamaya, un jaguar o un turpial nos invite a tomarnos un café.

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Leonor Henríquez (Caracas, Venezuela) Ingeniero Civil de profesión (UCAB 1985). Escritora y aprendiz de poeta por vocación. De su paso por la ingeniería surgieron sus Cuentos de Oficina (1997), otra manera de ver al mundo corporativo. Entre sus últimas publicaciones se incluyen sus reflexiones sobre el duelo, Hopecrumbs (2020) (www.hopecrumbs.com) y “The Adventures of Chispita” (2021), una alegoría de la vida en el vientre materno. (www.chispita.ca) Hoy en día comparte sus “meditaciones impulsivas” desde Calgary, Canadá, ciudad donde reside. leonorcanada@gmail.com
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