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Gente que Cuenta

Insomnio, por Áxel Capriles M.

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Imagen tomada de Tacuinum Sanitatis, un manual medieval sobre bienestar y salud que gozó de gran popularidad entre la nobleza europea de los siglos XIV y XV
Fuente: https://commons.wikimedia.org/

¡Cómo añoro aquellos tiempos en los que dormía a pierna suelta, como un lirón! Y no es, solo asunto de edad. No es el recuerdo de que cuando éramos jóvenes dormíamos mejor y más. Es un problema de gregarismo, un fenómeno actual. Me comporto como los demás. Me encuentro entre el 15% de la población mundial que sufre de trastornos de sueño. El insomnio crónico se ha duplicado en los últimos 20 años. En España, pasó del 6,4% en 1998 a 14% en 2019, o sea, por lo menos unos 5,4 millones de personas lo declaran. Pero los que lo sufren son, en realidad, muchos más. La Sociedad Española de Neurología calcula que el 48% de los adultos españoles duerme mal.

He consultado los más diversos especialistas en medicina del sueño y, sin duda, la higiene del sueño resulta de una combinación de factores, pero el estrés y la ansiedad son los que, con ventaja, originan la perturbación. Como determinante de la ansiedad, las redes sociales tienen hoy en día el rol principal.  Sabemos que deslizar la pantalla, el scroll, mantiene el sistema nervioso en un estado de alerta de baja intensidad. Sin punto final y con un sistema de recompensa impredecible, el cerebro se mantiene en un modo suspendido de búsqueda y anticipación. La incertidumbre sobre lo que vendrá genera la necesidad de volver a mirar el teléfono móvil una y otra vez y los minutos pasan como agua entre los dedos. Algunos sufren del llamado doomscrolling, el consumo de noticias malas de forma compulsiva.

La aceleración de la mente cuando deberíamos conciliar el sueño es una perturbación evidente pero el factor de fondo, la causa de largo aliento es el estado de agitación e inquietud sostenido que deja la exposición a todos los mundos posibles, la comparación social constante con otras vidas, la sensación de perderse todo. La acepción latina de la palabra ansiedad deriva del adjetivo anxius que remite a estrechamiento u opresión. En la manifestación contemporánea, la ansiedad proviene, más bien, del agobio por ensanchamiento excesivo del mundo. Dentro de las redes, el cuerpo funciona como si siempre hubiera algo pendiente. Así como en psicología del consumo descubrieron que exponer a un consumidor a demasiadas marcas de productos era económicamente perjudicial porque, en lugar de estimular la compra, paralizaba al individuo en su capacidad de decisión, la exposición diaria a infinitos estímulos es incompatible con la estabilidad psíquica necesaria para conciliar el sueño.

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Axel Capriles Ensayista, psicólogo y economista, es ante todo un crítico de la cultura. Diplomado por el C.G. Jung de Zúrich, su último libro es 'Erotismo, vanidad, codicia y poder. Las pasiones en la vida contemporánea', publicado por Turner.

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