
Mujer leyendo, soñando despierta, 1921
Fuente: https://www.wikiart.org/
Cuando leo, o releo, siempre tengo a mano un resaltador.
Creo que destacar, sea subrayando o iluminando las frases que nos mueven de alguna manera, lejos de arruinar un libro nuevo, lo enriquece.
En el caso de releer (que es lo que ahora hago más a menudo), es un placer adicional fijarme en lo que alguna vez me conmovió y sorprenderme con otros pensamientos que quizás pasé por alto.
Mi hijo lo aprecia, sobre todo cuando le presto libros de filosofía resaltados en amarillo y con notas al margen; así se salta lo “inentendible” y se concentra en el resumen ejecutivo.
Con esto en mente, terminé mi semana releyendo, o más bien releyéndome.
Tomé mi marcador fosforescente y enfoqué mi atención en el doble placer de volver a ciertos pasajes recientes.
Un ramo de flores inesperado.
Un abrazo sin tiempo.
Una historia de dragones. Gracias Natalia.
El peso de un saquito de azúcar cerca de mi corazón.
He ahí lo más destacado de mi semana y qué grato es repasarlo con un “iluminador” como bien sugiere la palabra en inglés, “highlighter”.
Creo que, aparte del hábito de releer libros antiguos de mi biblioteca, voy a insistir en esto de releerme.
No porque mis días sean tan interesantes, pero tal como sucede cuando uno retoma una vieja lectura, se profundiza, se encuentran nuevas capas y quizás se adquiere una mejor comprensión de lo leído, o lo vivido.
De ahora en adelante revisitaré mis libros y mis días, como siempre, resaltador en mano.
“He tratado más de releer que de leer…
salvo que para releer se necesita haber leído”.
Jorge Luis Borges