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Gente que Cuenta

Te cuento que…
por Suzan Matteo 26/7

Nicolas Stenonus Atril.press
Retrato de Nicolas Stenonus, perteneciente a la serie de retratos de hombres ilustres vinculados a la corte de Fernando II y Cosme III. Sin firma, pero probablemente pintado entre 1666 y 1677 por Justus Sustermans. (Galería de los Uffizi, Florencia, Italia).
Fuente: https://commons.wikimedia.org/

Hay personas que cambian de opinión por conveniencia. Otras, por miedo. Y unas pocas (muy pocas) porque la realidad les demuestra que estaban equivocadas. Hace tiempo que quería hablarles de un personaje que pertenece a esta última especie, hoy casi en peligro de extinción.

Se trata de Nicolás Steno, quien nació en Copenhague en 1638 y murió con apenas 48 años. Sin proponérselo, terminó revolucionando dos ciencias distintas.

Primero fue anatomista. Mientras muchos repetían lo que Galeno había escrito más de mil años antes, Steno decidió comprobarlo por sí mismo. Abrió cuerpos, observó y corrigió errores que parecían intocables. Entre sus descubrimientos describió el conducto de la glándula parótida, que todavía lleva su nombre. Su método era sencillo: antes de creer, había que mirar.

Después dirigió su atención hacia las piedras. Unas extrañas «lenguas de piedra», que muchos consideraban simples caprichos de la naturaleza, le recordaron los dientes de un tiburón. Tenía razón: eran fósiles. Aquella observación lo llevó a comprender que la Tierra también tenía historia y que cada estrato conservaba la memoria de un pasado remoto. Así nacieron principios que hoy sustentan la geología moderna.

Y entonces hizo algo que desconcertó a todos.

Cuando parecía destinado a convertirse en una de las grandes figuras de la ciencia, se convirtió al catolicismo, abandonó la investigación y acabó siendo obispo. Muchos interpretaron aquella decisión como una renuncia. En realidad, nunca negó ninguno de sus descubrimientos. Simplemente eligió otro camino.

Quizá por eso Steno sigue resultando tan interesante. Nos recuerda que cambiar de opinión no es un fracaso; fracasar es seguir defendiendo un error cuando ya sabemos que lo es.

Vivimos una época en la que abundan las certezas instantáneas y escasea la humildad para decir: «Me equivoqué». En las redes, en la política y hasta en la sobremesa, parece que rectificar disminuye el prestigio, cuando debería aumentarlo.

Steno pasó la vida dejando que los hechos corrigieran sus certezas. Tal vez por eso, más de tres siglos después, sigue teniendo algo que enseñarnos. No sobre anatomía ni sobre geología, sino sobre una virtud mucho más difícil de encontrar: querer más la verdad que tener la razón.

Suzan Matteo Atril press
Suzan Sezille de Matteo es caraqueña, cosecha del 52; ingeniero industrial aplicada al área social; esposa, madre de dos, que ahora abuelea y escribe desde Inglaterra. suzansezille@gmail.com IG @tomadodeaquiydealla

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