Favoritofobia,
por José Manuel Peláez
Entre las historias bíblicas de mi infancia, la de David y Goliat fue la que más me impactó. Con los años, aquel impacto se transformó en una favoritofobia militante. Disfruto ver caer a los favoritos en los deportes y en la vida en general. Mientras más pequeño sea el David de turno, mayor es mi goce con su triunfo.
Manolo, que siempre vigila que yo no pierda el sentido de lo que hago o digo, me cuestionó si esa pasión por aliarme al más débil no tendría oculto un revanchismo, una especie de ajuste de cuentas con los favoritos.
─ Asegúrate de que tus intenciones sean honestas y que no estés jugando al defensor de los débiles por rencor hacia los fuertes o porque tú nunca hayas sido favorito ─ me dijo un día con la misma tranquilidad con que me podía dar la hora.
En principio, el ...






