Gente que Cuenta

Te cuento que…
por Suzan Matteo 7/6

Copa de vino Atril press
“Bastante complicado es entender el lenguaje de algunos sommeliers como para añadirle música al asunto…”
Fuente: https://stockcake.com/

Hace unos días, mientras cumplía con uno de los deportes más practicados de nuestro tiempo (el de deslizar el dedo por Instagram), me encontré con varios videos que me llamaron la atención. En ellos sonaba una melodía extraña, acompañada de una lista de frases. El narrador aseguraba que, según la frase que uno leyera, eso mismo sería lo que escucharía. Lo curioso era que el sonido no cambiaba. Cambiaba uno.

Al principio pensé que se trataba de otro de esos trucos destinados a ganar seguidores, pero «por si acaso» me puse a investigar. Resulta que el fenómeno tiene explicación científica. Nuestro cerebro no se limita a recibir información: la interpreta. Cuando leemos una frase determinada, nuestra mente se prepara para encontrarla en un sonido ambiguo y termina por escucharla. Es decir, oímos no solo con los oídos, sino también con las expectativas.

Mientras todavía divagaba sobre si sería un tema interesante para contárselos a ustedes, me apareció otro video. Esta vez, una persona degustaba una copa de vino tinto y afirmaba que el sabor cambiaba según la música que estuviera sonando. Ahí sí pensé que habíamos llegado demasiado lejos. Bastante complicado es entender el lenguaje de algunos sommeliers como para añadirle música al asunto.

Pero resulta que tampoco es un invento. Diversos estudios han mostrado que la música puede influir en la percepción de los sabores. Una melodía suave y aguda puede hacer que un vino parezca más dulce; una música grave e intensa puede resaltar sensaciones de amargor o robustez. El vino sigue siendo exactamente el mismo. Lo que cambia es la forma en que nuestro cerebro construye la experiencia.

Para mí, la conclusión es tan fascinante como inquietante. Vivimos convencidos de que vemos el mundo tal como es, cuando en realidad percibimos una versión cuidadosamente editada por nuestra mente. Escuchamos con los ojos, saboreamos con los oídos y, probablemente, pensamos con más prejuicios de los que imaginamos.

De modo que les propongo un experimento (yo lo voy a hacer): sírvanse una copa de vino, busquen una pieza musical suave y luego otra más intensa. Prueben el mismo vino con ambas y me cuentan… Tal vez descubran matices distintos. O tal vez no. Pero si al final de la experiencia concluyen que la música no cambió el vino sino el ánimo, tampoco habrá sido tiempo perdido. Después de todo, resulta que en la vida casi nunca vemos, escuchamos o saboreamos las cosas como son: ¡las percibimos como somos nosotros!

Suzan Matteo Atril press
Suzan Sezille de Matteo es caraqueña, cosecha del 52; ingeniero industrial aplicada al área social; esposa, madre de dos, que ahora abuelea y escribe desde Inglaterra. suzansezille@gmail.com IG @tomadodeaquiydealla

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