Llenar el alma,
por Jeraige Reinoso
Abrir la nevera en busca de comida o de consuelo emocional... en ocasiones el cuerpo siente algo distinto de hambre; tiene cansancio, soledad, estrés o tristeza disfrazada de antojo. Entonces aparece el dulce, el pan, el chocolate o cualquier sabor capaz de regalar unos minutos de alivio emocional. En muchas ocasiones comemos para silenciar lo que sentimos, más que para nutrirnos; aquí aparece la ansiedad alimentaria. Esta funciona como una lluvia pasajera sobre un incendio interno: calma por un instante, pero no resuelve el fuego que continúa debajo.
El hambre física suele llegar lentamente; el estómago avisa, el cuerpo pide energía y casi cualquier alimento saludable puede satisfacerla. En cambio, el hambre emocional aparece de repente; exige algo específico (generalmente azúcar o har...






