Gente que Cuenta

Te cuento que…
por Suzan Matteo 3/5

Meier Thatcher Atril press
La primera ministra Golda Meir da la bienvenida a la primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher, Tel Aviv, Israel, 1976
Fotografía de Yosi Rot
Fuente: Dan Hadani Collection, The Pritzker Family National Photography Collection, The National Library of Israel.

El 3 de mayo tiene una coincidencia que llamó mi atención: reúne en un mismo día a dos mujeres que no solo gobernaron, sino que además lo hicieron con carácter de acero inoxidable. No es casual que tanto Golda Meir como Margaret Thatcher cargaran con el apodo de «Dama de Hierro». El hierro, como sabemos, no es precisamente un material flexible para la política, pero vaya que ellas lo manejaron con soltura.

El 3 de mayo de 1898 nació Golda Meir, y también ese día, pero de 1979, Margaret Thatcher llegó al poder en el Reino Unido. Dos mujeres, dos momentos distintos, un mismo apodo.

Golda vino al mundo en una Kiev que hoy es noticia permanente. Le tocó gobernar Israel en tiempos difíciles, lo cual es casi una redundancia. Fue pionera, no por decreto, sino porque no había muchas más en ese nivel de mando, ni siquiera en países que se creían muy avanzados. Su frase «Uno debe dominar al reloj, no ser dominado por él» parece más un consejo de supervivencia que una reflexión filosófica. Gobernar es, en buena medida, eso: no dejar que el tiempo te gobierne a ti, aunque al final siempre cobre.

En otro escenario, Thatcher llegó a Downing Street y asumió el poder en el Reino Unido, rompiendo un techo que Europa creía bastante sólido. El Viejo Continente, tan dado a las tradiciones, tuvo que acostumbrarse a que una mujer dirigiera con mano firme, lo que generó tantas adhesiones como rechazos, que es lo mínimo que se le pide a un líder de verdad. Decía: «Las constituciones deben escribirse en el corazón, no solo en papel». Lo complicado, claro, es que no todos los corazones laten al mismo ritmo ni entienden igual lo que está escrito.

Ambas demostraron que el poder no es cuestión de género, sino de temple. Y también que el hierro, aunque resistente, no es eterno. Pero, mientras dura, deja huella.

El 3 de mayo, entonces, no es cualquier fecha. Es un recordatorio de que el mando, cuando cae en manos decididas, puede tener voz de mujer y consistencia férrea. Y también de que, al final, ni el hierro ni el poder son eternos, pero el carácter, ese sí, suele quedarse dando vueltas en la historia.

Suzan Matteo Atril press
Suzan Sezille de Matteo es caraqueña, cosecha del 52; ingeniero industrial aplicada al área social; esposa, madre de dos, que ahora abuelea y escribe desde Inglaterra. suzansezille@gmail.com IG @tomadodeaquiydealla

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