
Imagen generada por IA
Ya no queda sino una tira deshilachada de aquella bandera. Ondeaba hace un año en medio de los vientos a veces huracanados de esta costa, con colores estridentes en sus bandas y estrellas. Cuando llegué, pregunté a qué país pertenecía, porque se parecía a algunas sin ser ninguna.
Vengo de un continente en donde lo que sobran son las bandas, las estrellas y las combinaciones de colores, en banderas y en escudos. Se ha montado más de un zafarrancho político por una estrella de más, una de menos o la dirección hacia la que mira la figura principal de un escudo. Siempre me han parecido irrelevantes esas discusiones, porque pienso que el heroísmo o la pertenencia no se resumen en sus imágenes ni en lo que se haga con ellas. No soy de la gente a la que mueven demasiado los símbolos.
En fin, una vez que me informé lo suficiente, dejé de prestarle atención a aquellas telas, a no ser por su concentración en determinadas partes de la ciudad, si las acompañaba de algún cartel o no, cosas así, porque lo que sí es verdad es que pueden ser termómetro de la identidad de la gente y sus tradiciones. Me interesaba conocer mejor el país.
Mientras no hubo vientos fuertes, tormentas ni lluvias huracanadas, es decir a mitad de año en esta parte del continente, aquella bandera sobrevivió más o menos entera. Pero con las tempestades que llegaron se fue deshilachando y rompiendo. Me sorprendió que no la cuidasen mejor, que no la guardasen mientras tanto bien doblada… pero nada, aquello por lo visto servía solo para festejar el día regional y encabezar alguna que otra manifestación. De resto vivía la soledad del techo del edificio, junto con la ropa recién lavada y tendida.
Espero que la cambien otra vez. Ya se acerca uno de esos días que recuerda una batalla decisiva, la liberación de la ciudad, a lo mejor la independencia que ha ido y vuelto, no sé. Sí, sigo desorientada, tengo todavía muchas fechas e historias que aprender. Mientras, la tira que queda seguirá ondeando desolada, esperando el relevo.