
Primera comunión, 1896
Fuente: https://www.wikiart.org/
A su alrededor se desprende un halo luminoso.
Llegó a Canadá por aire, pero creo que más bien viajó a través del túnel del tiempo
Blanco, elegante, etéreo en su bordados y transparencias.
Es un vestido.
Pero no un simple traje, sino una aventura familiar de casi setenta años.
Lo lucieron mis hermanas mayores, más adelante yo, mis sobrinas y después mi hija.
La semana pasada envolvió la belleza de mi preciosa nieta, Natalia, en el día de su Primera Comunión.
Parecía una princesa en ese día de luz en el que, nosotros los católicos, recibimos la gracia y el pan de vida.
Al verla allí, con su corazoncito latiendo de emoción, al lado mi hija, se comprimió mi tiempo en un triple aliento.
Creo que las tradiciones familiares son una forma de trascender el paso de los años.
Se me ocurrió hacer un collage con nuestras antiguas fotografías de Primera Comunión: siete décadas de en un solo vistazo.
Como dije al comienzo, esta tela de organza lleva encendida el aura de cada una de esas niñas que lo llevaron en ese día especial, incluyéndome.
Más que un vestido, un halo legendario que cuenta y contará historias de vida y recuerdos, por generaciones…