La cancelación,
por Harold Vas
19:12. Preparando la cena: el pan cortado, dos vasos, la luz un poco más baja, el día recogido para hacer sitio a alguien. No preparo solo una comida; preparo un clima.
Entonces llega el mensaje:
“Perdona, se me ha complicado. ¿Lo dejamos para otro día?”
Y algo se vacía.
No siempre duele por el plan. A veces duele por el hueco que ya le habíamos abierto. Porque una cancelación no interrumpe solo una agenda: interrumpe una disposición. Uno ya había empezado a ir, no solo con el cuerpo, también con la atención y con el deseo.
Por eso hiere tanto. Y por eso hiere raro. Porque no toca solo el abandono. A menudo toca algo más hondo: el rechazo. El abandono duele como pérdida de algo querido que no pudo sostenerse. El rechazo, en cambio, cae como sospecha: quizá nunca fui tan elegid...




