
Paisaje
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Las lágrimas nublaron mi visión y tuve que apagar la música pues estaba manejando.
En mi carro sonaba un antiguo CD de Onda Nueva con la canción “Caracas cuatricentenaria” interpretada por Ilan Chester.
Los venezolanos todavía estamos estremecidos por la devastación de los terremotos del pasado 24 de junio y difícilmente tiene uno cabeza para pensar en algo diferente, mucho menos escribir sobre algún tema trivial.
Esta canción trajo a mi memoria el terremoto del 29 de julio de 1967, de menor escala que el actual, justamente el año del cuatricentenario de la ciudad de Santiago de León de Caracas, fundada por Diego de Losada el 25 de julio de 1567.
Yo apenas tenía seis años, pero recuerdo con detalle el súbito gran estruendo y cómo se movía el piso de granito rosado de mi casa de Altamira mientras corría de la mano de mi mamá buscando refugio en el jardín.
Todos gritaban “terremoto”, “fin de mundo” y yo no entendía qué era aquello. Mi papá, aparte de otorrinolaringólogo, era médico forense y tuvo que irse a cumplir con su triste deber de levantar cadáveres.
Muchos años más tarde, estudié ingeniería civil y aprendí a diseñar estructuras antisísmicas, siempre con este recuerdo, más bien trauma en mi mente.
Hoy, a pocos días de la gran tragedia que se está viviendo en mi país, mi corazón llora. Me conmueve la solidaridad de muchos y doy gracias cuando presencio algún milagro, sobre todo bebés o ancianos extraídos de los escombros.
Son maneras muy diferentes de vivir dos terremotos, como niña y ahora, como adulta, lejos de mi país, pero cercana en su dolor.
Para aligerar esta tristeza, o más bien soltarla, los dejo con la canción de Ilan Chester.
Caracas, flor de trinitaria, Doña Cuatricentenaria…
Y heme aquí, oyéndola y llorando por mi gente de Venezuela.