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Nací donde la tierra misma no sabe dónde termina. Algunos me llamaron isla, algunos costa y otros frontera; nadie, nunca, me preguntó. Llevo en mis flancos puertos que cambiaron de bandera, ciudades que duermen bajo capas de polvo y oraciones mudas. Por la noche, todavía escucho los pasos de los que se fueron; resuenan en la oscuridad, y no sé si regresan en secreto o si la memoria está jugando su última partida conmigo.
Me llamaron mujer porque aprendí a dar a luz a la vida, incluso cuando todo a mi alrededor se empeñaba en morir. Y sin embargo, no te engañes. No soy la paciencia pasiva, no soy el silencio. Soy la sal que permanece tercamente en la skin* cuando la historia se retira como una ola, dejando la verdad al desnudo.
Y espero. No la salvación. Solo ese momento en que las personas finalmente se miren a los ojos, para recordar que el agua que nos rodea nunca se hizo para dividir.

Maria Christodoulou es originaria de Famagusta (Chipre) y reside en Lárnaca. Estudió Pedagogía en la Academia Pedagógica de Chipre y en la Universidad Aristóteles de Salónica. Posteriormente, cursó sus estudios de posgrado en la Universidad de Reading (Reino Unido). Su camino creativo transita entre la poesía y la pintura, buscando siempre «la luz dentro de la memoria».
Su poemario debut, Gestos en la luz (2023), marca la aparición de una voz poética que explora la memoria, el lugar y el «nosotros» colectivo. Su obra ha sido publicada y traducida al inglés y al italiano.
Es miembro de organizaciones literarias y culturales en Chipre y Grecia, y participa activamente en iniciativas dedicadas a la literatura y las artes.