
Mujer con ramo de flores, 1927
Fuente: https://artvee.com/
El otro día vi en Instagram una señora hablando con la convicción de quien acaba de descubrir el agua tibia que el nuevo lujo es «invisible» y enriquece más al usuario que a las marcas. Veamos. Decía la experta que el verdadero lujo es un día de semana a las 11:00 am disponible para hacer lo que quieras.
De acuerdo. Yo uso ese lujo para saldar el sueño atrasado de tantos y tantos años o, mejor dicho —ya que estamos hablando de sueños—, para hacer realidad el mío de despertarme a la hora que mejor me parezca, sin un despertador que me traiga a lo cotidiano como halada por los moños. Pero eso es ahora que puedo. Durante años no me quedaba más que levantarme a dedicarle el día a los demás. Y eso no me vino por un milagroso «cambio de actitud» ni por alcanzar la iluminación: vino con la edad. Los niños crecen, dejas de trabajar de manera formal, tienes más tiempo para la casa y, ahí sí, te das el lujo de organizarte como te dé la gana… o de no organizarte, que también se vale.
Veo el afán diario de mi hija y de mis sobrinos y me reconozco en ellos, porque yo también vivía con más agenda que tiempo. Pero es que eso forma parte de una época de la vida, como la de los dientes de leche, o la universidad, o ese trabajo que te encanta, pero donde igual dejas el hígado.
Lo de las marcas tampoco me parece que se solucione por decreto, porque es un asunto de simple gusto. Si tienes esa vena, te pasa igual a los veinte que a los ochenta; y si no la tuviste, pues no la tuviste y punto. No es ahora cuando vas a empezar a cambiar.
Lo que sí creo que es el nuevo lujo es la serenidad que se va adquiriendo con el tiempo. Yo no me recuerdo serena para nada en años anteriores, como no me recuerdo paciente, como no me recuerdo capaz de morderme la lengua y dejarlo pasar. Ese sí es un lujo de alta gama: la paz mental. Es un descubrimiento tan importante que, una vez que le agarras el gusto, es muy difícil que te deshagas de él.
Creo que el nuevo lujo es el de las canas, solo que de ese hay quienes no se percatan porque no viene con filtro. Una lástima, porque vale la pena… ¡y cómo!