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Al neurocientífico Boris Cyrulnik (1937) no se lo contaron. Como a tantos niños judíos durante la Segunda Guerra Mundial, le tocó vivir con apenas seis años los horrores nazis. Traten de imaginar por un momento dónde estaban ustedes a los seis años y lo que hubiera significado una vivencia así para el resto de sus vidas.
Sobrevivió como pudo, estudió y hoy en día, etólogo (según la RAE: «Estudio científico del carácter y modo de comportamiento del ser humano») y neuropsiquiatra, es considerado uno de los padres de la llamada resiliencia, vocablo tan de moda últimamente.
Según explicó en una entrevista reciente a El País de Madrid, el término fue acuñado por los agricultores —quién lo hubiera dicho— al observar el comportamiento de las plantas durante fases de calor extremo. Para evitar que se les evapore la poca agua que les queda, las flores se encierran en sí mismas. Se repliegan, detienen temporalmente su florecimiento para ahorrar energía y, si el rigor del clima se prolonga, modifican su propia estructura hasta desarrollar espinas para proteger lo esencial. Es un mecanismo radical de supervivencia: retraerse no es rendirse, sino resistir el embate.
Esa metamorfosis biológica originó el término que la RAE define como: «Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos». Bastante parecido, la verdad.
Los brasileños, que a todo le encuentran una expresión, lo llamaron “dar a volta por cima”, algo así como pasarle por encima a la adversidad y salir airoso.
El científico y compositor Paulo Vanzolini escribió una canción con ese mismo título, en la que una de sus estrofas dice algo así como: «Reconoce la caída y no desanima, se levanta, sacude el polvo y le pasa por encima». Una joya que más abajo van a encontrar en la voz de Maria Bethânia, junto con la letra original y la traducción. Se ha vuelto algo así como el himno de todo el que necesita superar alguna contrariedad o tropezón.
En algún momento, alguien hizo un documental sobre Vanzolini y, cuando habló de su creación, dijo —palabra más, palabra menos— algo muy importante: «Lo crucial no es solo superar lo que haya que superar, sino reconocer la caída».
Más o menos lo que hacen las flores cuando se repliegan y se protegen para preservar el poquito de agua que les queda. A veces es necesario…
