
Princesa Izutsu, c. 1842
De la serie Leyendas de mujeres sabias y castas
Fuente: https://www.vangoghmuseum.nl/
Hay noticias que, en pleno siglo XXI, resultan inverosímiles. Mientras en Occidente muchas asumimos la igualdad como un hecho —e incluso exigimos abolir las cuotas de género para que el talento se imponga al favor corporativo—, en otras latitudes la realidad todavía huele al Medioevo. Ciertas sociedades, consideradas la vanguardia del desarrollo tecnológico y de la eficiencia productiva, sostienen que la mujer carece de los atributos necesarios para ocupar determinados cargos.
Y no me refiero a una recóndita tribu, sino a una nación que presume de 32 premios Nobel: Japón. Allí, en la dinastía continua más antigua del planeta, las mujeres cargan con un sutil «defecto»: su género. Esta discriminación ha llevado al Trono del Crisantemo al borde de la extinción, pero sus legisladores ya han diseñado dos «vanguardistas» medidas para salvarlo.
La primera: las princesas que osen casarse con plebeyos ya no serán expulsadas de la familia imperial. Podrán quedarse por elección propia, aunque los hijos varones de ese matrimonio jamás podrán aspirar al trono. En pocas palabras: se les concede el honor de trabajar para la firma, pero sin derecho a heredar.
La segunda respuesta del Gobierno ha sido una pirueta jurídica: la adopción. Para preservar la dinastía Yamato, se permitirá adoptar a jóvenes solteros pertenecientes a las ramas que perdieron sus privilegios feudales bajo la ocupación estadounidense en 1947. El adoptado tampoco tendrá derecho al trono, pero sus futuros hijos varones sí.
Corolario: la princesa Aiko, única hija de los actuales emperadores y respaldada por el 70 % de la opinión pública, queda por ahora apartada de la sucesión por el solo hecho de ser mujer. El próximo emperador será su tío Fumihito y, tras él, su primo Hisahito. A este joven de 19 años le ha correspondido la titánica tarea de salvar de la extinción al imperio de las geishas: ese rincón del mundo donde ellas nacieron para complacer y servir. Amanecerá y veremos.