
Verano. Collage del siglo XIX
c. 1850
Fuente: Auktionhaus Zeller, https://picryl.com/
El colágeno se ha convertido en la palabra de moda. Polvos, cápsulas, bebidas y cremas prometen devolvernos la firmeza, blindar las articulaciones y pausar el paso del tiempo. Pero ¿y si nos estamos haciendo la pregunta equivocada?
Piénsalo bien. El colágeno no es un cosmético; es una proteína estructural fundamental que conforma nuestra piel, huesos, cartílagos, tendones y ligamentos. Imagínalo como la malla de acero que sostiene un edificio: quizás no siempre la vemos, pero de ella depende que toda la estructura se mantenga en pie.
Es cierto que con los años su producción natural disminuye y su renovación se vuelve más lenta. Sin embargo, culpar únicamente a la edad es una simplificación. Nuestro organismo fabrica y remodela colágeno de forma continua, y ese proceso responde directamente a cómo vivimos cada día.
Queremos tejidos jóvenes, pero nos movemos cada vez menos. El cuerpo necesita estímulos constantes para mantenerse activo: caminar, entrenar fuerza, subir escaleras, bailar o cualquier actividad que involucre a nuestros músculos y articulaciones envía señales mecánicas indispensables para renovar los tejidos.
Por supuesto, esa capacidad también se alimenta desde dentro. El organismo necesita materia prima de calidad —proteínas, vitamina C, zinc y cobre— para construir sus estructuras. Todo esto lo encontramos en pescados, huevos, carnes, legumbres, semillas, frutos secos, frutas y verduras variadas. Además, las preparaciones tradicionales como los caldos de huesos o comer pescado con piel y espinas blandas aportan valiosos componentes para apoyar esta síntesis.
Así que la verdadera pregunta no es “¿qué suplemento debo comprar?”, sino ¿qué estoy haciendo hoy para que mi cuerpo produzca, conserve y utilice su propio colágeno?
La edad cuenta, claro que sí, pero nuestros hábitos escriben la historia de nuestros tejidos. El secreto no está en intentar detener el reloj, sino en seguir dándole al cuerpo razones de peso para mantenerse fuerte.