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Gente que Cuenta

Buhoneros,
por Getulio Bastardo

Buhonero Atril press
“El problema se presenta a fin de mes, cuando tiene que pagar la renta de donde vive, los servicios —incluido el móvil—, la tarjeta de crédito y algún capricho…”
Imagen generada por la IA

Mi amigo cree, y yo también, que las personas que venden cosas en las aceras de las calles —y que en algunos países, como en Venezuela, se llaman buhoneros— viven al día.

Él dice que esas personas producen diariamente lo suficiente para cubrir sus gastos: temprano en la mañana, con la primera venta, se desayunan; con las siguientes, almuerzan, y a veces les alcanza para cenar.

Claro que ese mismo día, o en los siguientes, tienen que pagar a los proveedores, los servicios, la ropa y el calzado; y los más valientes, hasta los colegios.

Ahora comprendo a una paciente que una vez me dijo:

—¿Usted no sabe lo terrible que es ser buhonera?

Y yo agregaría: en el trópico es peor.

La referencia viene a cuento porque este amigo es un profesional universitario emigrado, con una vasta experiencia en su profesión, que ejerce, como él mismo dice, como un buhonero.

Cada día produce lo que consume y, si no le alcanza, usa la tarjeta de crédito.

El problema se presenta a fin de mes, cuando tiene que pagar la renta de donde vive, los servicios —incluido el móvil—, la tarjeta de crédito y algún capricho.

Digo «capricho» porque pertenece a esa clase media profesional que se acostumbró a vivir «bien»: a viajar, a invertir, a salir a cenar varias veces al mes con toda la familia. Y, de pronto, descubre que lo que gana no le alcanza para vivir como antes. Es decir, de creerse rico cayó de golpe en la realidad de que es pobre.

Fue entonces cuando acuñó el término: «profesional buhonero».

Ya no puede salir a cenar los fines de semana. Su paladar se volvió rugoso y, en lugar de vino o whisky, solo acepta ron, y de los más baratos; o, en último caso, cerveza, esas mismas que antes decía que lo «embuchaban» y que ahora le parecen una delicia, además de digestivas.

También ha descubierto que caminar es muy bueno para la salud y se va caminando al trabajo.

Los carros contaminan.

La corbata y el paltó contrastan con la gente pobre a la que atiende. Entonces se mandó a hacer unos trajecitos, una especie de uniforme, que le sirven para cualquier ocasión.

Ni siquiera pudo conservar el buen gusto para vestir y, al final, se dijo: «La buena vida es cara; hay otra más barata, pero esa no puede llamarse vida».

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Getulio Bastardo Médico psiquiatra clínico, profesor universitario jubilado en Venezuela y activo en Perú, casado, con seis hijos y seis nietos. Soy un viejo feliz getuliobastardo@yahoo.com.mx

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