Cayetanito II, por Getulio Bastardo
Las mulas llegaron solas al caserío. Conocían el camino de tanto recorrerlo junto a su amo. Al principio la gente se extrañó; después, al verlas sin el comerciante, la inquietud dio paso a la alarma. Se organizó de inmediato una partida de búsqueda que decidió seguir el mismo sendero por donde habían regresado los animales.
Todos conocían a aquel comerciante honrado que iba y venía de pueblo en pueblo con su recua de mulas, recorriendo la costa para vender mercancías. Algunas eran importadas: finos algodones, sedas y linos. Otras las adquiría en el campo y luego las revendía en los caseríos. No vivía allí; era un hombre de caminos.
Había una trocha que atravesaba la tierra árida y reseca, uniendo el caserío con el pueblo más cercano. En un recodo del camino lo encontraron tendido sob...

