Los detalles, por Soledad Morillo Belloso
Se suele decir que “el diablo está en los detalles”. La frase suena a advertencia antigua, de esas que se murmuran en las cocinas mientras se desgrana el día y se suspira porque las cosas que deseábamos no salieron como esperábamos.
Y sí, en lo pequeño se esconden las trampas: la palabra que se desliza con veneno, la mirada que se desvía un milímetro y deja ver la grieta, el gesto que parece inocente pero abre la puerta a la sombra. El diablo trabaja ahí, en lo microscópico, donde pocos miran, donde un descuido basta para torcer el rumbo.
Pero casi nunca se dice lo otro, lo que equilibra la balanza: Dios también está en los detalles. En la precisión que endereza, en la pausa que ordena, en la exactitud que sostiene. Dios se instala en lo mínimo, en lo que no presume, en lo que parece...

