Torre de Babel, por Leonor Henríquez
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Llegué tarde al concierto y me tocó sentarme en la última fila.
Me acomodé justo entre dos cabezas blancas, una pareja de aquello que llamaban en mi ciudad, la “juventud prolongada” o “gent grand” (gente grande) como se conoce en Cataluña a las personas mayores.
De inmediato la música se adueñó del recinto.
La parejita de enfrente mantenía un diálogo conmovedor. Se miraban, se sonreían, mientras se deleitaban con las notas que flotaban en el aire.
Yo intentaba sortear mi mirada entre sus gestos a ver si divisaba a mis amigos que cantan en el coro.
Como no era tan fácil, decidí cerrar los ojos y concentrarme en la música.
Las primeras piezas eran en latín, Laudate Dominum is sanctis ejus…
Siguieron con melodías en italiano, Dolcissimi respiri...






