El psiquiatra, por Leonor Henríquez
De vez en cuando visito a mi psiquiatra.Su expresión es adusta y su silla dura.Pero sus ojos son del color del tiempo, a veces transparentes, otras veces de un azul intenso, como zafiros.Su sonrisa es ancha y horizontal, pero amable.Y lo más importante, sabe escuchar, sin interrumpir. Sus silencios salvan, rescatan.En todos los naufragios de mi vida, mi fiel psiquiatra siempre ha venido al rescate.Y a propósito de esos naufragios luminosos, comparto una de las mejores definiciones del amor que he leído, “Amor: Hacerse a la mar con disposición al naufragio.” (Fernando Reyes Heroles, Abecedario)Hace poco hice una cita, por nada en particular, solamente para conversar y ver de color estaban sus ojos ese día.Me vestí y salí al encuentro.Esta vez me recibió fríamente, pero esa brisa helada que...












