Gente que Cuenta

Cerebro triuno,
por Getulio Bastardo

El cerebro triuno Atril press
“Aunque hoy la neurociencia considera que el cerebro funciona como una red integrada más compleja que tres sistemas separados, este modelo sigue siendo útil como metáfora clínica y educativa…”
Imagen generada por la IA

En la escuela nos enseñaron que el ser humano tenía cabeza, cuerpo y extremidades, en el liceo añadieron que el cerebro tenía dos hemisferios y que cada uno de ellos tenía varios lóbulos, luego en los años 60 el neurocientífico Paul MacLean  sugiere que el cerebro humano no es una estructura única, sino un conjunto de tres sistemas que evolucionaron en etapas distintas.

La propuesta de Paul MacLean sobre el “cerebro triuno” ha sido muy influyente para comprender, de forma didáctica, cómo reaccionamos ante el mundo. Aunque hoy la neurociencia considera que el cerebro funciona como una red integrada más compleja que tres sistemas separados, este modelo sigue siendo útil como metáfora clínica y educativa.

El llamado cerebro reptiliano representa nuestras respuestas más automáticas. Ante una amenaza, activa conductas inmediatas como atacar, huir o paralizarnos. No analiza, no reflexiona: reacciona. Por eso, en situaciones de peligro o estrés intenso, muchas decisiones parecen impulsivas o poco racionales.

El sistema límbico añade una capa emocional a la experiencia. No solo sentimos miedo, alegría o tristeza, sino que también aprendemos a partir de esas emociones. Aquí se consolidan recuerdos con carga afectiva, lo que explica por qué ciertas experiencias del pasado siguen influyendo en nuestras reacciones actuales. La amígdala cerebral, por ejemplo, actúa como una especie de “alarma emocional”, especialmente sensible al peligro.

Finalmente, la neocorteza nos permite pensar, planificar, reflexionar y regular nuestras emociones. Gracias a ella podemos cuestionar impulsos, posponer recompensas y actuar de acuerdo con valores y objetivos a largo plazo. Sin embargo, su funcionamiento óptimo depende de que los sistemas más primitivos no estén desbordados.

En contextos de estrés crónico, trauma o ansiedad intensa, el equilibrio se rompe: el cerebro emocional y el instintivo dominan, reduciendo la capacidad de la neocorteza para razonar con claridad. Por eso, en psicoterapia —especialmente en enfoques como la TCC— se busca restablecer ese equilibrio, ayudando a la persona a reconocer sus respuestas automáticas, regular sus emociones y recuperar el control consciente de su conducta.

Comprender este modelo no solo ilumina nuestra conducta, sino que también abre la puerta a intervenciones más compasivas y efectivas, tanto a nivel clínico como personal.

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Getulio Bastardo Médico psiquiatra clínico, profesor universitario jubilado en Venezuela y activo en Perú, casado, con seis hijos y seis nietos. Soy un viejo feliz getuliobastardo@yahoo.com.mx

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