Skip to main content

Gente que Cuenta

Diente de león,
por Lucy Gómez

Jean Francois Millet Atrol press
Jean-Francois Millet.
Dientes de León, c, 1867
Fuente: https://www.wikiart.org/

Llegó a mi balcón volando, como acostumbran millones de semillas de su familia, arrastradas por el viento en grupos. Cuando nació me pareció una hierba más, pero no la eliminé porque estaba ocupada con los tomates y el perejil. Me di cuenta de quién era cuando elevó las hojas dentadas de las cuales salió su nombre y comenzaron a brotar las flores amarillas que delatan su parentesco lejano con margaritas y girasoles.

Era la flor de los deseos, esa que cuando soplas las bolitas blancas peludas en que se han convertido las primeras flores, te trae un enamorado, un golpe de suerte o un trabajo nuevo. Cada una de las semillitas que flotan al viento tiene el encargo de cumplir tu anhelo y seguro que una de ellas lo consigue.

Es una presencia que complementa mi huerto lleno de picantes, prebonsáis, hierbas para la cocina, flores y suculentas que me caigan simpáticas.

Se llama diente de león, también conocida como achicoria amarga, reconocida por la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés) como diurética, eficaz para activar la eliminación por la orina y el tratamiento de afecciones urinarias leves. Las raíces se recomiendan para el alivio de la sensación de plenitud o llenura y las digestiones complicadas.

Es una presencia útil en la cocina, porque sus hojas crudas pueden añadirse a ensaladas y la raíz molida se usa como condimento o para producir una bebida parecida a la achicoria, un sustituto inmemorial del café. Los pétalos de las flores se usan para adornar las ensaladas a las que dan, además del color, sabor. Especialmente los botones, que se preparan con aceite de oliva. También pueden freírse, prepararse en pastel o en mermelada, o ser el ingrediente clave del «Vino del estío», resultado de su fermentación.

No es una mala hierba, sino una planta rica en vitaminas A, C y K, ácido fólico y betacarotenos. En crema se usa en el tratamiento de acné, herpes, psoriasis y quemaduras menores.

Si quieres tenerla en casa hay dos formas: comprar un sobre de semillas o simplemente desearla y ver, un tiempo después, cómo llega volando.

Cuando la tengas, haz que crezca en una maceta de unos 20 a 30 centímetros de profundidad, en tierra para jardín de todo uso. Ubícala donde reciba por lo menos seis horas de sol. Resiste bien el frío y el calor extremos, por cierto.

Riégala, dejando que se seque cada vez antes de volverlo a hacer.

Lucy Gómez
Lucy Gómez es periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela. Fue jefe de redacción y de la sección política, de varios diarios de Caracas y Valencia, durante más de veinte años. es experta en el cultivo de huertos de hortalizas y flores. lucygomezpontiluis@gmail.com

Compartir en

    ¡Suscríbete a nuestro Newsletter!