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Todavía bastante somnolienta, me senté en la butaca a disfrutar de mi primer café de la mañana.
Entre los vapores del sueño, de pronto llamó mi atención un vacío en mi biblioteca. Faltaban tres tomos, tres joyas de la literatura universal: las Obras Completas de Shakespeare, el Ulises de James Joyce y el Quijote de Cervantes.
Lo primero que pensé fue “Firmin estuvo en mi biblioteca y se comió mis libros”.
Sobre mi mesa reposaba Firmin, la novela del escritor norteamericano Sam Savage (1940-2019) la cual estoy releyendo y disfrutando, por tercera vez.
Explico.
La historia de Firmin se desarrolla en Boston, en los años 60’s y trata sobre una rata que devora libros en el sótano de una librería bostoniana. La madre de Firmin era una rata alcohólica y por razones de sobrevivencia, Firmin aprende a “leer” para alimentarse.
En fin, la novela tiene un tono divertido y resulta muy interesante la visión del mundo desde el punto de vista de una rata de biblioteca.
Pero volviendo a la mía, di un suspiro de alivio.
Los libros que habían desaparecido no fueron manjar para mi amigo roedor, sino recordé, un regalo para mi joven sobrino poseedor de una gran curiosidad intelectual y que cumple años el 16 de junio, Bloomsday. Por esa razón yo le tenía ofrecido el Ulises de Joyce, que reposaba inmutable en mi biblioteca (no paso de la tercera página). Le completé el regalo añadiendo otros de mis tomos somnolientos de Shakespeare (Firmin cita a Macbeth cuando dice “eso de la vida es un cuento narrado por un idiota”) y Don Quijote, a quien culpa de su suerte por “haberse enfrascado tanto en la lectura… que vino a perder el juicio”.
Estoy seguro de que Juan, como Firmin, los consumirá con apetito.
Yo por lo pronto, disfruté de mi café mañanero mientras seguía releyendo mi novela. Firmin estaba haciendo la digestión después de devorar El Amante de Lady Chatterley.
“Firmin ha sido un acontecimiento en mi vida de lectora, uno de esos raros encuentros con un personaje inolvidable”
Rosa Montero