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Tomás, a sus casi diez años, no solo ya sabe lo que es un haiku, sino que escribió uno.
Su maestra me lo enseñó y la verdad me quito el sombrero, lamento no tenerlo a mano para compartir.
Desde muy tierna edad, mi padre me recitaba a García Lorca, “y casi por compromiso, se apagaron los faroles y se encendieron los grillos…”, y a Manuel de Góngora, “Era chiquita y bonita como la flor del almendro…”
Pero confieso que el género del haiku lo descubrí ya de adulta y debo decir que me atrajo por su manera de atrapar un momento fugaz.
El haiku es un poema breve de origen japonés, tradicionalmente compuesto por tres versos sin rima de cinco, siete y cinco sílabas.
Es un impulso que captura un instante y deja al lector en estado de contemplación y asombro.
Matsuo Bashō (1644-1694) es considerado uno de los grandes maestros del haiku. Uno de sus más conocidos en su simpleza es:
furuike ya viejo arroyo
kawazu tobikomu una rana salta
mizu no oto el agua suena
El poeta Octavio Paz fue un admirador de estos poemas y aparte de traducir a Bashō, compuso algunos (sílabas más o menos) considerados hoy en día haikus:
el día abre la mano
tres nubes
y estas pocas palabras
Y este otro:
gentes, palabras, gentes
dudé un instante
la luna arriba, sola
Tuve el honor de que publicaran unos de mi autoría en una antología en el 2024. Los escribí originalmente en inglés, permítanme compartir uno de ellos:
the weight of your hand el peso de tu mano
on my shoulder sobre mi hombro
it is night in heaven es noche en el cielo
Para mí el haiku es eso…un súbito estremecimiento.