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El término hater se aplica a las personas que se dedican a despreciar o criticar destructivamente a alguien o algo; aunque eso puede hacerse de una manera particular o general.
Es decir, hay haters que odian al mundo entero y hay otros que la tienen tomada específicamente con una persona, equipo deportivo, país, etc. Entonces, puede haber haters en casi todas las áreas de actividad humana: en las artes, en el deporte…
Y en esto último es donde más se nota, porque creo que numéricamente hablando hay más fanáticos deportivos que de la literatura. Y no sabría decir si por suerte o por desgracia, ya que aquí también aplica lo de “pueblo pequeño, infierno grande”.
Yo desde hace tiempo vengo observando dicha conducta, tanto en persona como a través de las redes. Y me da la impresión de que lo que el hater odia en realidad no es el equipo o al deportista; es un odio simbólico, lateral.
Lo que alimenta su odio es, como siempre, la envidia. Por ello, mientras más exitosa la persona, más haters tendrá. De hecho, si revisamos cuáles son los deportistas más odiados nos encontramos casualmente con los nombres de los más exitosos: Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, LeBron James, etc. Nadie odia a un desconocido.
No obstante, este odio se materializa es con una persona del entorno cercano del hater. Y he allí su razón de ser. Si este tiene un amigo o un vecino o conocido que es fan del Madrid y si se lo ve con una camiseta luego de que aquel equipo ha perdido, el hater arremete con pullas y burlas.
Es lo que siempre espera, que pierda el otro para demostrarle que vive del lado equivocado del mundo y de la historia. Y de esta manera se hace creer a sí mismo que ha hecho la elección correcta.
Aun cuando, como sabemos, el hecho de que triunfe su equipo no hace que muchos haters dejen de llevar una vida miserable. Claro que a él le da igual. Su única preocupación es aquel principio según el cual “si tú estás bien yo estoy mal y si tú estás mal yo estoy bien”.
Por otra parte, cuando el equipo o ente odiado triunfan, el hater siempre va a tener una explicación que demuestra que esa victoria no es merecida: les pagaron a los árbitros, si se trata de deportes; compraron al jurado, si es un premio en artes.
A pesar de que no soy precisamente famoso, sé que habrá algún hater mío por allí, y al leer esto se sentirá identificado. Podría decirle que no se lo tome personal; pero sé que lo va a hacer, porque además a los haters los gana fácilmente la paranoia, casi tanto como la ira.