Gente que Cuenta

Si tuviera que emigrar – Soledad Morillo Belloso

Frutería en la Rua Santa Catarina
Porto, Portugal
Foto: Rui Bittencourt

Todos los venezolanos de bien, y en particular los que hemos hecho de la lucha por la democracia un  propósito de vida, sabemos que podríamos vernos forzados a migrar.

Entonces, con frecuencia, mi marido y yo hablamos sobre el asunto. Y nos planteamos a dónde nos iríamos.

Sería un lugar pequeño, pueblo o ciudad de pocos habitantes, dónde la vida sea sencilla, sin adornos ni miriñaques. Nada de grandes urbes. Un lugar donde conectar con los parroquianos, los del abasto, la panadería, la carnicería, la pescadería; un lugar de saludarse con el frutero, de tomar un café en una esquina y que la gente responda el buenos días con una sonrisa. Donde se escuche el canto en una iglesia los días de culto y las gentes caminen por parques y plazas y se den la bienvenida con gestos amables. Un lugar donde el silencio sea preciado y las compras cotidianas las pueda hacer a pie.

Con conectividad de primera, con buen sistema de transporte público interno y foráneo. Y en donde los perros y gatos formen parte de lo de todos los días.

Un lugar donde la comida sea materia de preocupación, pues se la considere pieza de la cultura; donde las gentes presten atención a la historia y cuiden su legado.

... con frecuencia mi marido y yo hablamos sobre el asunto, y nos planteamos adónde nos iríamos

A esta edad, por supuesto, hay que evitar los climas fríos extremos. Sería una población de calles vestidas de árboles y flores, y con aceras que los parroquianos barran por el gusto por la limpieza. Un lugar con aroma a buen quehacer.

Una ciudad donde la música sea importante. Y el arte. Y la literatura. Un lugar donde los niños sean queridos y cuidados como preciado tesoro, los mayores sean respetados y apreciados y las mascotas sean habitantes con derechos.

Como voy a seguir luchando por mi país, seguiré ayudando, escribiendo, colaborando. Seguiremos siendo venezolanos. No importa donde nos toque estar, el tricolor lo tenemos tatuado en el alma y la piel.

No queremos irnos. Pero muchas veces eso depende de los vientos.

Si tenemos que emigrar, nos llevaremos a Venezuela puesta. Nadie nos la puede quitar.

Soledad Morillo Belloso
Escritora, novelista, cuentista, ensayista, periodista, articulista.
soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob

 

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