
Fuente: https://commons.wikimedia.org/
Hoy les voy a hablar de un lugar que quiero conocer. Queda a poco más de 3 horas de donde vivo y nunca había oído de él hasta hace unos días, cuando buscaba otra cosa en internet. Hay ciudades inglesas que aparecen en las guías turísticas y otras que pueden pasar desapercibidas. Margate pertenece a la segunda categoría.
Está en Kent, frente al mar, y lleva siglos haciendo lo que los británicos han hecho con constancia: convencerse de que bañarse en agua helada es delicioso y bueno para la salud. En el siglo XVIII, Margate ya recibía visitantes que llegaban buscando los beneficios medicinales del agua de mar. Leí que en 1736 abrió allí uno de los primeros baños marítimos construidos expresamente para ese fin.
Pero no es por eso que les cuento sobre Margate. Es que ese pueblo guarda algo bastante más extraño bajo sus calles. La Shell Grotto es una galería subterránea decorada con unos 4,6 millones de conchas. Con ellas se forman mosaicos de estrellas, soles y figuras geométricas. Y aquí comienza lo bueno: nadie sabe quién la construyó, cuándo exactamente ni para qué.

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La descubrieron en 1835, aunque las circunstancias son confusas. Desde entonces han aparecido teorías para todos los gustos: templo pagano, lugar de reuniones secretas o extravagancia del siglo XIX. Hasta se ha sugerido que pudo servir de refugio para contrabandistas.
¡Ah! Un detallazo es que casi todas las conchas son británicas. Fue construida, en buena medida, con lo que había a mano. Pero leyeron bien: «casi» … Muchas proceden de las costas cercanas, pero la gruta guarda también unos pocos ejemplares exóticos llegados desde el Caribe y el Indo-Pacífico. Entonces, si alguien construyó aquella maravilla con millones de conchas locales, ¿por qué se tomó la molestia de colocar precisamente unas pocas que habían viajado medio mundo? Ahí tenemos otro pequeño misterio…
La gruta está hoy protegida como edificio de máxima categoría patrimonial. Y su mayor encanto, para mí, es que, después de casi dos siglos, seguimos sin saber quién la hizo. En una época en la que basta un teléfono para fotografiar y preguntarle a Google o a la IA todos los detalles, encontrar algo a lo que todavía se pueda responder «no sé» resulta casi revolucionario.
Margate tiene mar, historia y millones de conchas. Pero, sobre todo, tiene algo que ya casi no queda: ¡un misterio que se niega a ponerse al día!