
Foto de divulgación para el film “Los comancheros”, de 1961
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El personaje de hoy actuó en 153 películas y conserva el récord de más papeles protagonistas en la historia del cine, con 142. En 1999, el «American Film Institute» lo incluyó entre las mayores estrellas de todos los los tiempos y, todavía en 2007, seguía apareciendo en las encuestas de popularidad de los Estados Unidos, siendo el único actor fallecido que jamás abandonó aquella lista.
Fue un apasionado del ajedrez y jugaba durante los descansos de los rodajes. Algunos compañeros lo acusaban de hacer trampas y de ser ferozmente supersticioso: no permitía, por ejemplo, que le pasaran la sal directamente en la mesa. Detrás de aquella imagen de hombre invulnerable había un lector de poesía, amante de la decoración elegante y capaz de llorar viendo películas sentimentales.
Hablo de Marion Robert Morrison, nacido el 26 de mayo de 1907 en Winterset, Estados Unidos. Nunca soportó su nombre «Marion», por parecerle demasiado delicado. De niño comenzaron a llamarlo «Big Duke» porque siempre andaba con su perro «Little Duke», apodo que conservaría toda la vida.
¿Ya sabes? ¡Claro! John Wayne.
Con su 1,93 de estatura llenaba la pantalla con una presencia monumental y un caminar inconfundible, que no nació del talento teatral sino de lesiones y botas incómodas. Hollywood convirtió aquella torpeza en leyenda.
Su carrera comenzó en el cine mudo y alcanzó la gloria entre los años cuarenta y setenta, hasta ganar el Óscar en 1969. Paradójicamente, el gran héroe cinematográfico de guerra nunca combatió en la Segunda Guerra Mundial, mientras otros actores sí marchaban al frente. Esa ausencia lo persiguió siempre.
Le aterraban los barcos pequeños, fumó como una chimenea durante décadas y rechazó una propuesta para aspirar a la presidencia porque no creía que los estadounidenses tomaran en serio a un actor en la Casa Blanca. Años después, Ronald Reagan demostraría exactamente lo contrario.
Estuvo casado tres veces, tuvo siete hijos y vivió romances memorables, entre ellos el que sostuvo con Marlene Dietrich.
Y sin embargo, más allá de premios, escándalos y películas, John Wayne terminó siendo algo más extraño y más poderoso: el último vaquero de una época en la que los héroes todavía entraban al salón y se notaba.