
Fuente: https://commons.wikimedia.org/
De niño pasaba tardes enteras en casa de mi abuela escuchando vinilos. Entre todos ellos había uno al que volvía constantemente: Pedrito y el lobo. Entonces creía que el centro del cuento era el miedo al lobo. Con los años comprendí que el verdadero problema era otro: cuando el lobo apareció, nadie creía ya en la voz que lo anunciaba.
Quizá por eso el cuento sigue siendo tan contemporáneo.
Vivimos rodeados de avisos permanentes. Todo parece urgente, definitivo e histórico. Cada semana trae nuevos expertos, nuevas estadísticas, nuevos estudios convertidos inmediatamente en dogma o en titular absoluto. Y el problema no es el conocimiento especializado. Sería absurdo negarlo. La ciencia, entendida como método, sigue siendo una de las herramientas más valiosas creadas por el ser humano.
El problema aparece cuando el conocimiento deja de comunicarse como búsqueda y empieza a presentarse como espectáculo de certeza.
Porque cuanto más profundamente comprende alguien una realidad compleja, más consciente suele volverse de sus límites. La verdadera inteligencia acostumbra a convivir con grados de incertidumbre. La mediocridad, en cambio, suele expresarse con una seguridad desmesurada.
Nunca tuvimos tanta información y quizá nunca tanta desorientación perceptiva. Todo compite dentro del mismo ruido emocional: titulares, estadísticas, opiniones virales, intuiciones personales o análisis rigurosos. Y cuando todas las señales utilizan constantemente el mismo volumen, la percepción termina agotándose.
Ese es el verdadero riesgo: no que existan errores o mentiras, sino perder la capacidad de distinguir entre una advertencia real y el ruido permanente.
Tal vez madurar consista justamente en escapar tanto del miedo constante como de la negación ingenua. No vivir aterrados esperando al lobo detrás de cada árbol, pero tampoco fingir que el bosque está vacío.
Porque cuando las ovejas están protegidas, el lobo deja de convertirse en un monstruo mitológico. Vuelve a ser simplemente un lobo: un animal hermoso, peligroso y digno de observación.

www.haroldvas.com