Gente que Cuenta

Agua portuguesa,
por Luli Delgado

botella de agua Atril press
Es gente correcta, que a mí me enseñaron a calificar de “decente”
Fuente: https://www.pexels.com/

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Interior – sala de espera de consultas – día

Sala casi llena. Me levanto a buscar una botellita de agua. La señora que está antes de mí buscando un café, se encarga de mi gestión con la máquina dispensadora. Pongo la moneda, aprieto un número y no pasa nada. La señora, autonominada jefe oficial del proyecto, comienza a apretar todos los botones disponibles. La gente de la sala de espera, a falta de mejor entretenimiento sigue la acción pendientísima. Pasa una auxiliar de enfermería e interviene con actitud de usuaria veterana. Nada. Ahí saco otra moneda y esta vez funciona sin problema. Solo que cuando empujo la lengüeta que me separa de mi botellita, oh sorpresa, encuentro dos. Las saco y le pregunto a la ahora platea: ¿alguien quiere una botellita de agua? Respuesta unánime: ¿cómo la va a regalar, si es suya? Quédese con ella y se la toma más tarde. Insisto e insisten, hasta que una señora me ofrece comprármela. No, señora, ¡yo se la regalo! De manera alguna. Aquí tiene, y me entrega la moneda. Aprobación general. Fin de la secuencia.

De vuelta a mi anonimato, desmenuzo lo que acabe de pasar. Para mí, manirrota y sin cultura de la previsión, regalar una botella de agua no tiene nada de particular. En cambio, para un portugués criado en el esquema de la posguerra y en un país pobre, cada centavo cuenta, no por mezquindad, sino porque por muy pequeño tiene valor y es producto de un esfuerzo.

Recuerdo un muchacho que nos vino a entregar una carga de leña para nuestra chimenea. Viajó no recuerdo cuántos kilómetros y la subió atado a atado. Cuando le comentamos que era un buen esfuerzo, nos respondió: “Es que cada migaja es pan”. No existe la viveza, el buscar aprovechamiento, el ganar fácil y de paso celebrarlo. En Portugal el nombre del juego es otro. Como es otra la actitud. Cuando se le pregunta a alguien si todo está bien, responde sin titubeos: “tiene que estar”.

Es una actitud admirable, de quien no está esperando que le caiga del cielo ni se cree merece lo que no ha trabajado. Es gente correcta, que en mi casa me enseñaron a calificar de “decente”.

Salí de la consulta con mi convicción renovada de que es en este país donde quiero vivir. De paso, en vez de pedirme un Uber de regreso preferí esperar a que llegara el próximo autobús. ¡Toda migaja es pan!

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Luli Delgado es periodista venezolana, Master en Artes de Cine y Video – por The American University, Washington, DC. Fue Directora Ejecutiva de la Fundación Andrés Mata de El Universal de Caracas, y Gerente del Centro de Documentación de TV Cultura de São Paulo. Es autora de varios libros y crónicas. delgado.luli@gmail.com

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