
(c. siglo VI o antes), quizás el icono de María más antiguo de Roma.
Fuente: https://pt.wikipedia.org/
En medio del ruido y la prisa de cada día, al mundo entero le sonó el timbre del recreo. Veamos.
Shakira con su Dai Dai una vez más dejó claro que lo suyo no es caerse, sino levantarse con más fuerza que nunca.
En la misma pantalla aparecieron los llamados Uganda Ghetto kids y la rubiecita brasileña que parece de boligoma, con una gracia que no tiene explicación y que no nos cansamos de ver.
El fútbol en su mejor despliegue. El golero de Cabo Verde, electricista, cuarentón y hasta hace nada anónimo, como una especie de David africano que se ha llevado por delante a dos campeones mundiales.
La República Democrática del Congo impresionó a todos al bajarse del avión con trajes con solapas de leopardo y broches de oro, como diciendo: aquí estamos y nos vemos de lujo.
Messi se marcó un doblete ante Austria que lo deja solo en la historia: dieciocho goles en Mundiales, el más grande de todos.
Cristiano Ronaldo también reclamó lo suyo en la cancha, convirtiéndose en el primer y único futbolista de la historia capaz de gritar goles en seis Mundiales distintos.
Y de repente, sin más, un terremoto brutal en Venezuela nos arrancó de la fiesta y nos recordó lo frágiles y vulnerables que somos. El bullicio y las banderas se volvieron dolorosamente ajenos y quedamos sin palabras, sin terminárnoslo de creer, recordando inevitablemente lo que pasó allá por nuestra infancia, un paisaje desolador que pensábamos que nunca más iba a ser nuestro.
“En la vida y en la muerte, ampáranos Señora…”