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Gente que Cuenta

Excusas,
por Lucy Gómez

Tigre y quesillo Atril press
“Fue el tigre del Pinar, mami…”
Imagen generada por la IA

Hay quien tiene excusas para todo. Yo, por ejemplo. Mis excusas son tan buenas que yo misma me las creo.

No sé si todo el mundo anda por ahí con una excusa como bandera, pero debido a mi larga experiencia, sé que lo mejor que existe es dejar de autoexcusarse. Es decir, empezar a hacer lo que tenías que hacer y ya, sin darle largas, razonar que uno no lo ha hecho porque… y ahí viene la lista: «me dolía la cabeza», «no estaba de humor», «no me acordé», «me levanté tarde», «es culpa de Fulanito, que me distrajo», «es mejor otro día», sin alcanzar el punto donde nadie quiere llegar: negarse de plano a hacer algo dando la verdadera razón o asumir por qué dejamos de hacer lo que prometimos conscientemente.

¿Por qué cuesta tanto decir que no o, en otros casos, pedir disculpas? Porque queremos quedar bien, porque la persona que te lo pide es una persona querida, temida o fastidiosa, porque quedamos mal ante nosotros mismos… La lista es larga.

La mejor excusa que he oído me la dio mi hijo mayor cuando tenía unos cinco años. Habíamos guardado unos dulces para unos amigos, especialmente un quesillo casero, una especialidad venezolana parecida al flan de leche, con muchos huequitos y cobertura de caramelo quemado, que a él le gusta mucho. Hicimos para todo el mundo y a él le había tocado su pedazo… Al día siguiente, el quesillo de nuestros amigos, completo, había desaparecido de la nevera y el único sospechoso era él. Cuando le pregunté, me informó que la noche pasada había venido el tigre que habíamos visto en el zoológico que teníamos cerca, El Pinar, había abierto la nevera y se lo había zampado. «Fue el tigre del Pinar, mami».

Desde entonces he oído y visto de todo, inclusive, cuando era jefe de una oficina, récipes falsificados y los llantos de quien se ve descubierto.

Por eso hay que hacer un programa para deshacerse de las excusas, inventado desde hace siglos. Lo que les decía, corregir en el momento. Una vez que descubras que estás haciendo algo mal, en vez de seguir adelante conservando el error, que luego se ve implacablemente brillante y todos se enteran, es mejor corregirlo. Si lo que hacemos mal se corrige de inmediato, se pasa menos trabajo. Admitan sus metidas de pata de una vez, créanme.

Se los digo yo, que tengo que empezar ahora a borrar la basura de años de mi teléfono y mi ordenador para que funcionen correctamente alguna vez y no seguir diciendo que «no sé qué les pasa» …

Lucy Gómez
Lucy Gómez es periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela. Fue jefe de redacción y de la sección política, de varios diarios de Caracas y Valencia, durante más de veinte años. es experta en el cultivo de huertos de hortalizas y flores. lucygomezpontiluis@gmail.com

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