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La pantalla en negro era como un cadáver laqueado; brillante, inmóvil y sin esperanza. Yo jugaba a no entender lo que había ocurrido, pero lo sabía perfectamente. Un pico eléctrico producto de una tormenta había asesinado a mi laptop. Por supuesto culpé al cambio climático, a la red eléctrica del edificio, a la municipalidad y a la vecina del quinto que me asustó con sus gritos. Pero olvidarme de desconectar el aparato apenas despertó la tormenta no me hacía culpable a mí.
A la mañana siguiente, ayudé al técnico a abrir la puerta de su local y no le dejé ni preparar café antes de que hiciera la autopsia. Julián accedió porque fuimos compañeros de bachillerato y alguna vez intervine para que mi hermana saliera con él. No había nada que hacer, varias líneas de la tarjeta madre se habían quemado y la reparación era más costosa que un equipo nuevo. Por supuesto, la garantía no cubría este tipo de evento.
Cuando Manolo me encontró, estaba quejándome en la barra de nuestro bar favorito contra las compañías que engañan a sus clientes porque cuando crees que estás seguro, no lo estás; cuando crees que tienes una garantía, no la tienes y porque no se puede vivir en un sistema en el que no confías.
─ La querida incertidumbre ─ murmuró Manolo antes de su primer trago de cerveza.
Por un momento, quise advertirle a Manolo que no estaba en modo Daniel LaRusso atento a un discurso del señor Miyagi, pero confié en que Manolo me facilitara tener una discusión con él lo suficientemente fuerte como para descargar mi rabia y le dejé hablar.
La vida es, según él, una cálida incertidumbre. No hay garantías de nada. Seguramente eso nos da miedo y buscamos certezas por todas partes, pero nadie nos asegura que al despedirnos esta tarde de un amigo pueda ser la última vez que le veamos ni que la persona en quien más confiamos no nos vaya a decepcionar un día, ni que nuestro laptop sobreviva una tormenta. Aceptar eso exige una cierta forma de valentía.
─ Es mejor vivir como si no estuvieras sobre suelo firme sino sobre la cubierta de un barco que se inclina en cualquier dirección. Confía en ti porque siempre podrás recuperar tu equilibrio, aceptar que tu amigo ya no está, comprender al que te decepcionó y comprar con alegría una nueva laptop ─ Manolo terminó su cereza ─ .Hazte amigo de la incertidumbre, porque ella nunca te va a abandonar… ¿quieres otra cerveza?
Lo pensé y me pareció que la cerveza era mejor opción que la pelea.