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Gente que Cuenta

El marino (II),
por Getulio Bastardo

Helmut Kolle Atril press
Helmut Kolle,
Marinero, 1928
Fuente: https://www.meisterdrucke.fr/

Continuación de El marino I

No tenía otra opción más que caminar.

Ya la noche estaba casi completamente cerrada.

No era un hombre temeroso pero los recuerdos de las leyendas, cuentos o mitos que se habían tejido alrededor de la carretera le provocaron cierta aprehensión

El camino estaba recién enderezado y asfaltado. En cada cierto tramo se veía al borde de la carretera una cruz en señal de la muerte accidental de algún paisano.

Cuando menos lo esperaba, se vió acompañado de otro caminante, era un hombre moreno alto, vestido de blanco, incluso su sombrero era de ese color.

Se dio cuenta de su presencia al volver la mirada hacia el frente después de haber estado extasiado un rato, viendo cómo la luna llena emergía del mar.

Con el rabillo del ojo lo vio y volteó completamente el cuello hasta mirarlo de frente. El hombre hizo lo mismo y se miraron cara a cara.

El hombre con una amplia sonrisa hizo una venia inclinado ligeramente el cuerpo y tocándose el ala del sombrero. E inmediatamente dijo “ya vienen por ti”.

René no sabía qué hacer; más que asustado, estaba estupefacto. Le provocaba salir corriendo, pero ¿hacia dónde iba a correr? ¿Dónde se iba a esconder? En esa obscuridad, y donde fuera, probablemente el hombre lo seguiría.

Respiró hondo, se recompuso, recordó que era un soldado entrenado para enfrentar el peligro. Un peligro ciertamente, ¿pero a qué clase de peligro se estaba enfrentando? ¿Estaba ante un peligro real o era su miedo y su imaginación?

A pesar de su miedo y la turbulencia de sus pensamientos, atinó a decir “hola”.

El compañero del camino iba más rápido y unos metros más allá en una curva desapareció en la oscuridad. Esto le produjo más miedo.

Ahora cada ciertos pasos miraba a todos lados, atrás, a la derecha, a la izquierda, al frente; no sabía qué buscaba, pero escudriñaba hasta donde la luz de la luna le permitía.

En una de esas miradas hacia atrás vio una luz pequeña que se movía y desaparecía en cada curva del camino, Volvió a revivir la ansiedad.

¿Y ahora qué será? se preguntó. No se detuvo ni miró más para atrás. Ya viene por mi pensó.

Luego escuchó un ruido de motores y, al acercarse más, distinguió la luz. Era una moto, ocupada por la muchacha del comedero.

No sabía cómo describir la emoción; todo su cuerpo se relajó, el corazón bajó la revolución y su respiración se hizo más lenta.

La joven de la broma, lo saludó con un amplia sonrisa y un, “Hola, cómo te va marinero? Vamos, sube”.

Aún sin reponerse de su sorpresa se subió rápidamente a la moto y respondió a la sonrisa de la joven bañista que esta vez se había cubierto de la cintura hacia abajo con una falda de tela ligera y abierta a los lados

No te puedo llevar hasta el pueblo. Más adelante hay una hacienda de un tío mío. Allí si hay cómo llevarte hasta Mariguitar.

Continuará…

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Getulio Bastardo Médico psiquiatra clínico, profesor universitario jubilado en Venezuela y activo en Perú, casado, con seis hijos y seis nietos. Soy un viejo feliz getuliobastardo@yahoo.com.mx

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