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Hace días, Manolo quiso que visitáramos a un conocido suyo porque si yo creía que él era raro, es porque todavía no conocía a Belisario. Imaginé que Belisario debía ser un híbrido entre marciano y monje cisterciense.
Pero resultó que lo “raro” de Belisario era su pasión por las serpientes de la que Manolo nada me había dicho. No me gustan las serpientes, quizás por la mala jugada que le hicieron a Adán y Eva o quizás porque no las conozco. Manolo se dio cuenta, antes de que Belisario apareciera, de que no me encontraba del todo a gusto. Se me acercó y me dijo en voz baja.
– En medio del miedo se aprende más de lo que crees.
– Si no te importa — contesté también en voz baja —, dejamos la lección para cualquier jueves del 2087
Ya estaba camino a la salida cuando apareció un hombre bajito con rostro de figura de cera que pretendía parecer amable y me tendió su derecha después de cambiar de mano una pequeña serpiente anillada con rojo, negro y amarillo. Está de más aclarar que me guardé las manos en los bolsillos mientras veía con horror como el animal mordía entre los dedos a Belisario.
Nadie más que yo perdió la calma. Unos minutos después, Belisario se limpiaba la mordida mientras nos explicaba que la serpiente era una falsa coral y que la mordedura apenas le molestaría por un rato. Hubiera sido muy diferente de ser una coral verdadera, porque él ya no podría hablar nunca más. Su risa me dio más miedo que la serpiente.
– Son los animales más incomprendidos del planeta — decía Belisario mientras pasaba revista a su serpentario particular —. Los creemos crueles y malvados sin pensar que son animales sin patas, casi ciegos y sordos, que necesitan alimentarse como cualquiera.
Belisario me miró por unos instantes, intercambió una sonrisa con Manolo y se dispuso a revelar lo que podíamos aprender de las serpientes.
– Muerden porque no lo pueden evitar, tienen que sobrevivir… pero nosotros, nosotros no hemos aprendido que, a veces, es mejor no morder. Es preferible desarrollar el verdadero poder de controlarnos y no reaccionar al instante — Belisario se me acercó más — Dentro de cada uno de nosotros, amigo mío, vive una serpiente siempre preparada para comerse al otro… ¿no cree que ya es hora de domar esa serpiente?
Manolo no ha vuelto a tocar el tema, pero por momentos creo que Belisario aclaró mi miedo a las serpientes porque, hay momentos en los que me recuerdo a mí mismo mordiendo con furia y veneno y no me gusta.