Skip to main content

Gente que Cuenta

El sendero III,
por Harold Vas

Oso Atril press
“Un oso removía un tronco caído en busca de insectos…”
Imagen generada por la IA

El sendero I 
El sendero II

Apresuré el paso hasta alcanzar a mi familia.

El sendero comenzó a ascender entre pinos jóvenes y troncos ennegrecidos. Años atrás, un incendio había atravesado aquella parte del parque. Algunos árboles permanecían en pie, desnudos y grises; otros habían caído y se deshacían lentamente bajo el musgo.

Entre la madera quemada crecían flores pequeñas.

El bosque era más silencioso allí. El viento pasaba entre los troncos huecos y producía un sonido parecido al de alguien respirando detrás de una puerta.

Entonces escuchamos un crujido.

Un oso removía un tronco caído en busca de insectos. Hundía las garras en la madera, apartaba la corteza y olfateaba lo que encontraba debajo.

Nos quedamos quietos.

El oso levantó la cabeza, nos observó y volvió a su tarea.

—Antes del fuego, éste era otro bosque —le dije.

—Antes de muchas cosas, todo era otra cosa —respondió.

Miré los troncos quemados.

—Supongo que el incendio permitió que crecieran estas flores.

El oso dejó de escarbar.

—Ten cuidado con esas historias.

—¿Por qué?

—Porque a veces intentáis volver hermoso demasiado pronto aquello que fue terrible.

Volvió a hundir las garras en el tronco.

—El fuego quemó nidos, madrigueras y árboles que tardaron décadas en crecer. No ocurrió para que aparecieran estas flores.

—Entonces ¿qué significan?

—Que aparecieron después.

El oso olfateó una larva y se la llevó a la boca.

—Una historia verdadera puede contener el incendio y también las flores. No necesita fingir que uno justifica a las otras.

—Pero necesitamos encontrar algún sentido a lo que nos ocurre.

—Necesitáis un lugar desde el que seguir viviendo —corrigió el oso—. No es exactamente lo mismo.

Arrancó otro trozo de corteza.

—Los humanos vivís dentro de historias. Os contáis quiénes sois, hacia dónde vais y por qué las cosas deberían suceder de una determinada manera. Luego la vida rompe el relato y pensáis que también os ha roto a vosotros.

—¿Qué habría que hacer entonces?

—Contar de nuevo la historia. Pero esta vez sin mentirse.

El oso se alejó entre los árboles. No huyó ni desapareció de pronto. Siguió simplemente con su día, deteniéndose aquí y allá, más interesado en los troncos podridos que en las preguntas de un caminante.

imageedit 587 2235229689
Harold Vas Behrens explora en sus ensayos aquellos detalles de la vida cotidiana que suelen quedar fuera del foco: gestos, ideas, hábitos y palabras que damos por asumidos sin detenernos a mirarlos. Desde una mirada entre la observación, la comunicación y el pensamiento simbólico, busca abrir nuevas perspectivas sobre lo común. Su experiencia en agencias de publicidad, comunicación corporativa y producción audiovisual le ha dado una especial atención al lenguaje, la imagen y la forma en que los relatos moldean nuestra manera de entender el mundo. www.haroldvas.com

Compartir en

    ¡Suscríbete a nuestro Newsletter!