News That Matters

Harold Vas

¿Decías?,<br/> por Harold Vas
Harold Vas, 263b

¿Decías?,
por Harold Vas

—Haz lo que quieras.La conversación termina ahí.O eso parece.Horas después seguimos dándole vueltas.La repetimos mientras conducimos. Mientras hacemos la cena. Mientras intentamos dormir.¿Lo dijo enfadada?¿Le da igual?¿Está cansada?¿Es una forma de rendirse?La conversación terminó hace tiempo.Nosotros seguimos manteniéndola viva.Hay frases que tienen algo de espejo. Cada persona encuentra en ellas algo distinto. Quizá por eso dos personas pueden salir de la misma conversación con historias completamente diferentes.Lo curioso es que casi nunca somos conscientes del momento exacto en que ocurre.Alguien llega más callado de lo habitual.No responde a un mensaje.Olvida una fecha.Y, sin darnos cuenta, comenzamos a completar los espacios vacíos.Como quien termina una frase que nadie ha pronunciad...
La cancelación,<br/> por Harold Vas
Harold Vas, 261b

La cancelación,
por Harold Vas

19:12. Preparando la cena: el pan cortado, dos vasos, la luz un poco más baja, el día recogido para hacer sitio a alguien. No preparo solo una comida; preparo un clima. Entonces llega el mensaje: “Perdona, se me ha complicado. ¿Lo dejamos para otro día?” Y algo se vacía. No siempre duele por el plan. A veces duele por el hueco que ya le habíamos abierto. Porque una cancelación no interrumpe solo una agenda: interrumpe una disposición. Uno ya había empezado a ir, no solo con el cuerpo, también con la atención y con el deseo. Por eso hiere tanto. Y por eso hiere raro. Porque no toca solo el abandono. A menudo toca algo más hondo: el rechazo. El abandono duele como pérdida de algo querido que no pudo sostenerse. El rechazo, en cambio, cae como sospecha: quizá nunca fui tan elegid...
La demora,<br/> por Harold Vas
259d, Harold Vas

La demora,
por Harold Vas

9:00 A.M. Cita para sacarme sangre. Detesto estas cosas. La fila apenas avanza. Escribo a mi pareja: ya sabía que hoy venía. Veo el mensaje leído. No responde. Van pasando los turnos. No responde. Al fondo alguien se marea. No responde. Miro si se ha ido la cobertura. No. Todo está en orden. La demora parece una minucia hasta que cae en el lugar exacto. Entonces deja de ser tiempo y se vuelve espejo. Ya no cuenta minutos: mide el rango que imaginamos ocupar en la vida del otro. No duele solo la espera. Duele lo que la espera despierta: la sospecha de haber bajado un peldaño, de no ser prioridad, de no importar como creíamos. Pero en esa punzada también se esconde otra cosa, menos limpia: la secreta esperanza de que el otro interrumpa su mundo para confirmar el nuestro...
El lobo real, por Harold Vas
Harold Vas, 258d

El lobo real, por Harold Vas

De niño pasaba tardes enteras en casa de mi abuela escuchando vinilos. Entre todos ellos había uno al que volvía constantemente: Pedrito y el lobo. Entonces creía que el centro del cuento era el miedo al lobo. Con los años comprendí que el verdadero problema era otro: cuando el lobo apareció, nadie creía ya en la voz que lo anunciaba.Quizá por eso el cuento sigue siendo tan contemporáneo.Vivimos rodeados de avisos permanentes. Todo parece urgente, definitivo e histórico. Cada semana trae nuevos expertos, nuevas estadísticas, nuevos estudios convertidos inmediatamente en dogma o en titular absoluto. Y el problema no es el conocimiento especializado. Sería absurdo negarlo. La ciencia, entendida como método, sigue siendo una de las herramientas más valiosas creadas por el ser h...
Celos,<br/> por Harold Vas
257d, Harold Vas

Celos,
por Harold Vas

Los celos no nacen solo del miedo a perder al otro. A menudo nacen del derrumbe de la imagen que habíamos construido de nosotros mismos en su mirada. No duele solo la posibilidad de ser desplazados; duele descubrir que quizá no éramos quien creíamos ser dentro de ese vínculo. Cuando eso ocurre, el otro deja de ser solo alguien amado o deseado y pasa a sostener una versión de nosotros que todavía no sabemos habitar solos. Por eso cualquier cambio en su atención, en su distancia o en su deseo puede vivirse como una amenaza total. No se rompe solo el vínculo: se agrieta también el personaje que creíamos ser. Eso no significa que todo esté “en la cabeza”. Hay gestos, ambigüedades y pequeñas crueldades que pueden alimentar los celos. Pero su intensidad revela casi siempre una fragilidad p...