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Harold Vas

La demora,<br/> por Harold Vas
259d, Harold Vas

La demora,
por Harold Vas

9:00 A.M. Cita para sacarme sangre. Detesto estas cosas. La fila apenas avanza. Escribo a mi pareja: ya sabía que hoy venía. Veo el mensaje leído. No responde. Van pasando los turnos. No responde. Al fondo alguien se marea. No responde. Miro si se ha ido la cobertura. No. Todo está en orden. La demora parece una minucia hasta que cae en el lugar exacto. Entonces deja de ser tiempo y se vuelve espejo. Ya no cuenta minutos: mide el rango que imaginamos ocupar en la vida del otro. No duele solo la espera. Duele lo que la espera despierta: la sospecha de haber bajado un peldaño, de no ser prioridad, de no importar como creíamos. Pero en esa punzada también se esconde otra cosa, menos limpia: la secreta esperanza de que el otro interrumpa su mundo para confirmar el nuestro...
El lobo real, por Harold Vas
Harold Vas, 258d

El lobo real, por Harold Vas

De niño pasaba tardes enteras en casa de mi abuela escuchando vinilos. Entre todos ellos había uno al que volvía constantemente: Pedrito y el lobo. Entonces creía que el centro del cuento era el miedo al lobo. Con los años comprendí que el verdadero problema era otro: cuando el lobo apareció, nadie creía ya en la voz que lo anunciaba.Quizá por eso el cuento sigue siendo tan contemporáneo.Vivimos rodeados de avisos permanentes. Todo parece urgente, definitivo e histórico. Cada semana trae nuevos expertos, nuevas estadísticas, nuevos estudios convertidos inmediatamente en dogma o en titular absoluto. Y el problema no es el conocimiento especializado. Sería absurdo negarlo. La ciencia, entendida como método, sigue siendo una de las herramientas más valiosas creadas por el ser h...
Celos,<br/> por Harold Vas
257d, Harold Vas

Celos,
por Harold Vas

Los celos no nacen solo del miedo a perder al otro. A menudo nacen del derrumbe de la imagen que habíamos construido de nosotros mismos en su mirada. No duele solo la posibilidad de ser desplazados; duele descubrir que quizá no éramos quien creíamos ser dentro de ese vínculo. Cuando eso ocurre, el otro deja de ser solo alguien amado o deseado y pasa a sostener una versión de nosotros que todavía no sabemos habitar solos. Por eso cualquier cambio en su atención, en su distancia o en su deseo puede vivirse como una amenaza total. No se rompe solo el vínculo: se agrieta también el personaje que creíamos ser. Eso no significa que todo esté “en la cabeza”. Hay gestos, ambigüedades y pequeñas crueldades que pueden alimentar los celos. Pero su intensidad revela casi siempre una fragilidad p...