La demora,
por Harold Vas
9:00 A.M. Cita para sacarme sangre.
Detesto estas cosas. La fila apenas avanza.
Escribo a mi pareja: ya sabía que hoy venía.
Veo el mensaje leído.
No responde.
Van pasando los turnos.
No responde.
Al fondo alguien se marea.
No responde.
Miro si se ha ido la cobertura. No.
Todo está en orden.
La demora parece una minucia hasta que cae en el lugar exacto. Entonces deja de ser tiempo y se vuelve espejo. Ya no cuenta minutos: mide el rango que imaginamos ocupar en la vida del otro.
No duele solo la espera. Duele lo que la espera despierta: la sospecha de haber bajado un peldaño, de no ser prioridad, de no importar como creíamos. Pero en esa punzada también se esconde otra cosa, menos limpia: la secreta esperanza de que el otro interrumpa su mundo para confirmar el nuestro...



