News That Matters

Harold Vas

La caja,<br/> por Harold Vas
Harold Vas, 270b

La caja,
por Harold Vas

—Hay una caja en tu casa que lleva seis meses donde no debería estar. Sabes cuál. No mires ahora. Bueno, mira. Ahí está. Llevas meses pensando: «Tengo que mover esa caja». —Perfecto. La fase de diagnóstico parece concluida. Quizá deberíamos crear una comisión. —Primera reunión: la caja supone un problema. —Segunda: lleva demasiado tiempo ahí. —Tercera: alguien debería hacer algo. —¡Por unanimidad! Enhorabuena: acabamos de inventar la política. Ahora levántate y mueve la caja. Sí, tú. No esperes al final del artículo. No hay ningún giro argumental que vaya a moverla por ti. ¿Ya? Excelente. Acabas de mejorar el mundo. Muy poco, no nos vengamos arriba, es una caja. Pero estaba ahí y ahora no. Prueba otra. Baja la basura. Riega esa planta que empieza a mirarte con resentimiento....
Permiso,<br/> por Harold Vas
Harold Vas, 266d

Permiso,
por Harold Vas

Hace unos días me descubrí buscando un problema sobre el que escribir.No una idea.Un problema.Algo que me incomodara lo suficiente como para tirar del hilo: una conversación pendiente, una duda que no se iba, una pequeña herida, cualquier cosa que pidiera ser ordenada.Pero no aparecía nada.Abría un documento, escribía unas líneas, las borraba y volvía a empezar. Pensé que estaba bloqueado, aunque esa explicación no terminaba de encajar. No había frustración. No había angustia.Había otra cosa.Silencio.No el silencio solemne de los templos, las montañas o los libros de meditación.Un silencio más sencillo.El de una mañana tranquila. Una taza de café. Una conversación sin defensa. El gesto de lavarse los dientes sin estar ya pensando en lo siguiente.Y, aun así, algo dentro de mí quería apartar...
El Grial,<br/> por Harold Vas
Harold Vas, 265b

El Grial,
por Harold Vas

Una amiga lleva meses buscando casa.Cada pocos días aparece una nueva posibilidad. Hace números, organiza visitas, imagina cómo sería vivir allí y vuelve a empezar. Unas veces el piso no encaja. Otras sí encaja, pero no en el presupuesto. En ocasiones es la ubicación. En otras, simplemente alguien se adelanta.Desde fuera parece una búsqueda de vivienda.Y, en cierto sentido, lo es.Pero después de un tiempo empecé a sospechar que estaba ocurriendo algo más.Porque la pregunta ya no era qué casa elegir.La pregunta era qué vida quería construir.Cada visita le obligaba a decidir qué era importante y qué no. Cuánto estaba dispuesta a sacrificar. Qué necesitaba realmente para sentirse tranquila. Qué había dejado de tener sentido.Sin darse cuenta, mientras buscaba un hogar, estaba definiendo una fo...
¿Decías?,<br/> por Harold Vas
Harold Vas, 263b

¿Decías?,
por Harold Vas

—Haz lo que quieras.La conversación termina ahí.O eso parece.Horas después seguimos dándole vueltas.La repetimos mientras conducimos. Mientras hacemos la cena. Mientras intentamos dormir.¿Lo dijo enfadada?¿Le da igual?¿Está cansada?¿Es una forma de rendirse?La conversación terminó hace tiempo.Nosotros seguimos manteniéndola viva.Hay frases que tienen algo de espejo. Cada persona encuentra en ellas algo distinto. Quizá por eso dos personas pueden salir de la misma conversación con historias completamente diferentes.Lo curioso es que casi nunca somos conscientes del momento exacto en que ocurre.Alguien llega más callado de lo habitual.No responde a un mensaje.Olvida una fecha.Y, sin darnos cuenta, comenzamos a completar los espacios vacíos.Como quien termina una frase que nadie ha pronunciad...
La cancelación,<br/> por Harold Vas
Harold Vas, 261b

La cancelación,
por Harold Vas

19:12. Preparando la cena: el pan cortado, dos vasos, la luz un poco más baja, el día recogido para hacer sitio a alguien. No preparo solo una comida; preparo un clima. Entonces llega el mensaje: “Perdona, se me ha complicado. ¿Lo dejamos para otro día?” Y algo se vacía. No siempre duele por el plan. A veces duele por el hueco que ya le habíamos abierto. Porque una cancelación no interrumpe solo una agenda: interrumpe una disposición. Uno ya había empezado a ir, no solo con el cuerpo, también con la atención y con el deseo. Por eso hiere tanto. Y por eso hiere raro. Porque no toca solo el abandono. A menudo toca algo más hondo: el rechazo. El abandono duele como pérdida de algo querido que no pudo sostenerse. El rechazo, en cambio, cae como sospecha: quizá nunca fui tan elegid...
La demora,<br/> por Harold Vas
259d, Harold Vas

La demora,
por Harold Vas

9:00 A.M. Cita para sacarme sangre. Detesto estas cosas. La fila apenas avanza. Escribo a mi pareja: ya sabía que hoy venía. Veo el mensaje leído. No responde. Van pasando los turnos. No responde. Al fondo alguien se marea. No responde. Miro si se ha ido la cobertura. No. Todo está en orden. La demora parece una minucia hasta que cae en el lugar exacto. Entonces deja de ser tiempo y se vuelve espejo. Ya no cuenta minutos: mide el rango que imaginamos ocupar en la vida del otro. No duele solo la espera. Duele lo que la espera despierta: la sospecha de haber bajado un peldaño, de no ser prioridad, de no importar como creíamos. Pero en esa punzada también se esconde otra cosa, menos limpia: la secreta esperanza de que el otro interrumpa su mundo para confirmar el nuestro...
El lobo real, por Harold Vas
Harold Vas, 258d

El lobo real, por Harold Vas

De niño pasaba tardes enteras en casa de mi abuela escuchando vinilos. Entre todos ellos había uno al que volvía constantemente: Pedrito y el lobo. Entonces creía que el centro del cuento era el miedo al lobo. Con los años comprendí que el verdadero problema era otro: cuando el lobo apareció, nadie creía ya en la voz que lo anunciaba.Quizá por eso el cuento sigue siendo tan contemporáneo.Vivimos rodeados de avisos permanentes. Todo parece urgente, definitivo e histórico. Cada semana trae nuevos expertos, nuevas estadísticas, nuevos estudios convertidos inmediatamente en dogma o en titular absoluto. Y el problema no es el conocimiento especializado. Sería absurdo negarlo. La ciencia, entendida como método, sigue siendo una de las herramientas más valiosas creadas por el ser h...
Celos,<br/> por Harold Vas
257d, Harold Vas

Celos,
por Harold Vas

Los celos no nacen solo del miedo a perder al otro. A menudo nacen del derrumbe de la imagen que habíamos construido de nosotros mismos en su mirada. No duele solo la posibilidad de ser desplazados; duele descubrir que quizá no éramos quien creíamos ser dentro de ese vínculo. Cuando eso ocurre, el otro deja de ser solo alguien amado o deseado y pasa a sostener una versión de nosotros que todavía no sabemos habitar solos. Por eso cualquier cambio en su atención, en su distancia o en su deseo puede vivirse como una amenaza total. No se rompe solo el vínculo: se agrieta también el personaje que creíamos ser. Eso no significa que todo esté “en la cabeza”. Hay gestos, ambigüedades y pequeñas crueldades que pueden alimentar los celos. Pero su intensidad revela casi siempre una fragilidad p...