Algoritmo invisible,
por Juan Carlos Sosa Briceño
Fueron segundos, y sin embargo mi teléfono ya lo intuía. Le había comentado a un amigo, en una conversación perdida, la posibilidad de comprar un teclado que simula una vieja máquina de escribir. Un comentario inocente, sin buscarlo en ningún lado. Bastaron esos segundos para que mi teléfono mostrara anuncios de teclados vintage y máquinas de escribir clásicas. Tuve esa sensación inquietante: la gran G me estaba escuchando.Durante años, hemos compartido esa sensación: hablamos de vacaciones y —arte de magia— aparecen hoteles y vuelos baratos. Comentamos una enfermedad y de repente surgen medicamentos y clínicas. Mencionamos un libro y, de pronto, nuestra pantalla se llena de reseñas y entrevistas. Es increíble. Esa sospecha se ha vuelto parte de nuestro imaginario: nuestros dispositivos ti...


