Cayetanito, por Getulio Bastardo
Decían que aquel hombre estaba cruzado; que ninguna brujería ni maleficio podía hacerle daño. Unos aseguraban que tenía un pacto con un muerto; otros, más exagerados, afirmaban que una bruja lo protegía. Su padre, entre bromas y temores, solía llamarlo Fausto.
Un bote de madera, de los que abundaban en aquella costa de pescadores, entró lentamente en la bahía conocida por la profundidad de sus aguas y la estrechez de su playa.
La pequeña embarcación avanzaba sobre un mar sereno que contrastaba con los pensamientos cargados de incertidumbre del hombre que lo navegaba. Los movimientos rítmicos y constantes imprimían a cada palada una fuerza regular, casi incansable. La pesca era su oficio; el bote, su medio de transporte y también su herramienta de trabajo.
Al aproximarse a la ...

