Los huertos, por Luis Ascanio
Durante dos años intenté ser hortelano.
Cultivé un pequeño huerto junto a la ribera del río Carrión, detrás de la iglesia de Belén, en Carrión de los Condes. Descubrí muy pronto que la tierra no entiende de buenas intenciones. Exige observación, paciencia y una dedicación que difícilmente puede improvisarse. Comprendí también que no podía ser hostelero y hortelano al mismo tiempo. Ambos oficios reclaman la misma entrega.
Abandoné el huerto sin sentir que había fracasado. Simplemente entendí cuál era mi lugar.
Sin embargo, la tierra siguió enseñándome.
Cada verano llegan a la Taberna del Peregrino bolsas con tomates, calabacines, pepinos, cebollas, manzanas reinetas, ciruelas, nueces o huevos. Son regalos de vecinos y amigos que sí aprendieron el oficio de cultivar. Nunca llegan...

