La miel viva,
por Luis Ascanio
Yo probé miel siendo niño, en los Castillos de Guayana.
No era una miel limpia ni servida. Era una colmena recién sacada de la selva. Las abejas seguían allí, alteradas, defendiendo lo suyo. Había fuego, ramas, movimiento, tensión. Cualquier descuido podía costar dolor.
Y, sin embargo, al probarla, todo cambió.
Dulce.
Refrescante.
Suave.
Peligrosa.
Esa fue mi primera idea de la miel.
Recuerdo también el proceso: había que colarla con telas, retirar restos de cera, limpiar lo que había quedado de ese enfrentamiento entre el hombre y el enjambre. No era un producto terminado. Era algo vivo, recién tomado.
Con los años, la miel volvió a aparecer en mi vida de otra manera.
En Carrión de los Condes uso miel El Camino.
La del pueblo.
Con el tiempo entendí algo senci...






