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José Manuel Peláez

Don Rafael,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 241c

Don Rafael,
por José Manuel Peláez

─ Hay gente que se apasiona por la Geografía. Yo no lo entiendo, pero es así ─ me decía Manolo, al regreso de su visita anual a Don Rafael ─. Particularmente las definiciones de cabo, península, archipiélago, delta, hoya y vaya usted a saber cuántas más me parecen tan aburridas como una mala película muda.Don Rafael fue uno de los maestros de la infancia de Manolo cuando estos eran casi siempre personas que parecían saber de todo y que lo mismo hablaban de la poesía de Rafael Alberti que de las fuentes de riqueza en Nueva Guinea.─ Siempre nos daba clase de Geografía a la última hora. Cuando estábamos preparados y listos para salir corriendo con el timbre. Pero ahí estaba él, serio como la sombra de un crucifijo y empeñado en repasar los afluentes del Amazonas.Manolo intentaba reproducir un...
Eureka o no eureka,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 239c

Eureka o no eureka,
por José Manuel Peláez

Manolo tiene una nueva manía, aunque él insiste en llamarla “un nuevo interés”. Se trata de situarse en momentos culminantes de la historia y conjeturar acerca de qué hubiera pasado si lo que pasó, no pasó y pasó algo diferente. En otras palabras, jugar con la imaginación y la Historia. ─ Imagínate que tú eres Arquímedes ─ me instaba con ardor juvenil ─ eres un genio y a tus 75 años ya has hecho aportes importantes en Matemáticas y Física que todavía sirven para desarrollar nuevos instrumentos dos mil quinientos años después de este momento. ─ ¿Cuál momento?  ─ Pregunté como un actor que se interesa por el papel que le va a tocar encarnar. ─ Estás en la playa de Siracusa… abstraído. A tu alrededor ruge una guerra y los soldados romanos han tomado tu ciudad…. ─ ¿Y yo peleo contr...
El gran miedo, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 238a

El gran miedo, por José Manuel Peláez

En mi opinión, Angélica se merecía alivio y paz. La muerte de sus padres ocurrida hacía cinco años había desembocado en una guerra entre ella, quien siempre los había cuidado, y sus hermanos que apenas les llamaban dos veces al año. Las disposiciones testamentarias daban cabal cuenta de las diferencias de reconocimiento de los viejos hacia sus hijos y, por supuesto, los hermanos de Angélica desplegaron escuadrones de abogados para impugnar los beneficios con los que sus padres premiaban a la hija abnegada. Cuando Angélica me llamó para decirme que, por fin las instancias de apelación habían finalizado y que, por primera vez en cinco años, podía salir a la calle a “hacer vida” y no a envenenarse y envenenar, quedé con ella para celebrarlo. Nos encontramos en un abrazo más fuerte y pro...
Empeñarse o perseverar, <br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 237b

Empeñarse o perseverar,
por José Manuel Peláez

Aunque entiendo las dificultades de todo editor ya sea de periódico, de libros o de programas de televisión, no me gusta cuando me exigen cambiar lo que escribo. Supongo que hay algo de mi narcisismo de por medio, pero también está en juego mi propia estima acerca de lo que quiero decir exactamente. Es una pelea vieja que he sostenido en muchas ocasiones y que a veces gano y otras pierdo, aunque cada vez con mayor gracia. Pero sigue sin gustarme. El asunto había llegado a un enfrentamiento feroz con la terquedad de X (mi verdugo de turno y cuya identidad prefiero mantener oculta) empeñado en eliminar de mi texto un ejemplo que, según su criterio, no venía al caso y distraía la lectura de su idea principal. Rumiaba yo mi dolor delante de Manolo con la esperanza de que él me diera más ...
En un selfie,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 236c

En un selfie,
por José Manuel Peláez

Me ocurrió hace poco algo que me dejó pensativo. Recibí el selfie de un antiguo compañero de estudio acompañado de su esposa y otras dos parejas conocidas comiendo alegremente en un nuevo restaurant y compitiendo por ver quién mostraba la sonrisa más cautivadora. Comenté lo bien que se veían y me olvidé del tema.Dos semanas después, me encontré con mi amigo por la calle y apenas le reconocí. Los hombros hundidos y los ojos casi muertos hablaban de un descenso a los infiernos contrastante con aquella maravillosa sonrisa del selfie.Mi amigo me confesó que unas horas antes de esa reunión se había enterado de que su mujer tenía un “asunto” con uno de los “amigos” que aparecía en la feliz imagen. Aturdido como estaba por la noticia, llegó a la reunión por inercia y también por inercia sonrió al...
Manolo Claus,<br/> por José Manuel Peláez
235d, José Manuel Peláez

Manolo Claus,
por José Manuel Peláez

 Manolo tuvo que repetirlo para asegurarme de que le había entendido bien. Me estaba invitando a celebrar la Navidad con él. Y yo pensé: “¿Dónde está Manolo… qué han hecho con él?”. Hacía años que yo conocía la fobia de mi amigo a todo tipo de celebración decembrina. Manolo era un grinch con aires socráticos gracias a esa manía de hacerse preguntas acerca de todo, pero en mi cabeza seguía siendo un Grinch. Rechacé de inmediato la imagen de un Manolo vestido de Santa Claus… Ho…Ho…Ho y supuse que, en su estilo, la celebración sería disfrutar de un maratón de clásicos del cine negro o escuchar varias veces el Adagietto de la Quinta Sinfonía de Mahler, un plan que no me desagradaba porque también tengo algo de Grinch. Para mi sorpresa, al llegar a la casa de Manolo, me encontré con una m...
Kabuki san,<br/> por José Manuel Peláez
234d, José Manuel Peláez

Kabuki san,
por José Manuel Peláez

Poco a poco, Manolo me cuenta historias sucedidas durante su misterioso viaje, como soltando piezas de un rompecabezas que yo debo armar si quiero entender lo que significa la imagen total. Asistió a un Festival Internacional de Teatro, con famosas compañías de todo el mundo. Cuando Manolo se enteró, ya las únicas entradas disponibles eran para una función de Teatro Kabuki. Espoleado por la curiosidad de ver algo que nunca había visto, Manolo se preparó leyendo todo lo que encontró acerca de este teatro tradicional japonés. La función resultó, para Manolo, un misterio en cuanto al significado de la obra por tratarse de un teatro apoyado en símbolos conocidos solo por los devotos de este. Manolo pudo, eso sí, admirar el arte de los movimientos y expresiones de actores cuyo entrenamien...
¿Indignado yo?, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 233b

¿Indignado yo?, por José Manuel Peláez

 Manolo es bastante normal, por eso, después de su larga ausencia, tenía que poner al día sus cuentas de luz, agua y servicios varios. Era una larga lista de trámites que prefería hacer acompañado. Pero, como su lista de sus amigos permanecía inalterada, es decir solo quedaba yo y por eso nos encontrábamos en el puesto 16 de una fila de clientes de la compañía telefónica local.Conversábamos tranquilamente sobre algunos detalles de su “viaje a la nada” cuando un alboroto nos interrumpió. Aparentemente alguien había intentado “saltarse” el orden de la fila escudado en su razón de que tenía más prisa que los demás. La indignación de los que respetaban el orden rápidamente expulsó al intruso como si este fuera una bacteria.A pesar de que el hombre desapareció con gestos de desprecio hacia la h...
Como si nada, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 232b

Como si nada, por José Manuel Peláez

Solo apuesto en mi cabeza porque cuando lo he hecho en la realidad, pierdo. En este caso había apostado cientos de veces a que las cosas iban a ocurrir así, como si nada, y hubiera ganado. Manolo estaba sentado en un banco de la plaza frente a mi casa. Con la cara hacia el sol otoñal y los ojos cerrados, como si en vez de sangre tuviera clorofila y buscara la luz con la misma devoción de una planta. Mientras me le acercaba, apostaba de nuevo a cuáles serían sus palabras después de casi un año de desaparición inexplicada. ─ Hola ─ me dijo cuando le hice sombra y como si nos hubiéramos visto ayer. Habría ganado de nuevo. Lo sabía, lo sabía perfectamente, Manolo no pensaba acusar recibo de lo ocurrido. Simplemente había desaparecido y ahora aparecía de nuevo. Eso era todo y era de lo...
El disgusto culinario, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 231a

El disgusto culinario, por José Manuel Peláez

Rubén es un conocido de Manolo muy pendiente de invitarlo a comer especialidades sicilianas que él, Rubén, tiraniza “como no tienes tú una idea”. Le dije que yo de lo que no tenía idea era de dónde estaba Manolo y mucho menos ponerle en contacto con él. Ante esa dificultad, el hombre, proactivo que le dicen, decidió que el invitado fuera yo, el afortunado.Acepté porque la cocina siciliana siempre me ha parecido maravillosa, pero sobre todo, porque la degustación sería una manera incruenta de vengarme de mi amigo por su sorpresiva e inexplicable desaparición.Llegué a la hora exacta y Rubén me recibió ataviado con una almidonada filipina en cuyo frente izquierdo y en letras grandes se leía “SOY RUBEN Y EL GUSTO ES MÍO”. El asunto no comenzaba con buen pie.El menú, impreso, anunciaba Pasta a ...
GPS vintage,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 230c

GPS vintage,
por José Manuel Peláez

 Suelo perderme en mi propia ciudad, de manera que no era nada extraño que en el barrio Alfama de Lisboa me perdiera mucho más. La red de callejuelas estrechas y empedradas era un desafío a vencer para entrevistar a una dama, antigua gloria del fado, que, inexplicablemente, a los 36 años se había retirado de los escenarios. Sabía que no iba a ser una entrevista fácil y quería causar buena impresión llegando a tiempo. Estaba seguro de que mi gran amigo el teléfono inteligente me guiaría, gracias a su aún más inteligente GPS, con precisión hasta el refugio de la misteriosa cantante.Claro que con lo que no contaba era que, a la hora de desenvainar mi espada tecnológica, esta se hubiera quedado sin batería y la pantalla en negro se burlaría de mi falta de previsión. Ahora ya no estaba tan tran...
Gritos y susurros, por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 229a

Gritos y susurros, por José Manuel Peláez

Aquel día no estaba yo para buscar compañía, pero tampoco quería quedarme en casa viendo algún documental de costumbres animales, de manera que, acodado en la barra, admiraba la habilidad del camarero para preparar bebidas, tomar pedidos, pasar cuentas, cobrar y parecer interesado en los clientes mientras seguramente pensaba que el día era muy largo. La discusión entre dos mujeres a mi izquierda me sacó de mi observación.Las dos estaban hablando de una tercera mujer, cuyo comportamiento para una de mis vecinas era inadmisible, mientras que para la otra no era asunto de ellas.─ Pero… ¡cómo no va a ser asunto nuestro si es nuestra mejor amiga! ─ dijo con voz fuerte la más molesta.─ Justamente por eso nos corresponde callar y esperar ─ contestó la otra con tranquilidad y en un bajo tono de vo...