Ma non troppo,
por José Manuel Peláez
Era el último concierto de la temporada y el coro iba a dedicarlo a baladas inmortales. Supongo que ambas circunstancias congregarían una asistencia muy superior a la normal. Llegué con tres cuartos de hora de anticipación.
A pesar de mis precauciones la sala ya estaba casi llena y cuando ellos llegaron, oteando como suricatos algún asiento disponible, despertaron mi interés. Era una pareja mayor, ambos con pesados anteojos que no escondían su muda beligerancia. Como faltaba un rato, me dediqué a inventarles una historia en la que el hombre no le perdonaba a la mujer haberle arrastrado ese domingo de su sofá favorito solo para escuchar canciones tontas y ella no le perdonaba que siempre que ella pretendía que él la acompañara tuviera que batallar con un juego de baseball o una película ...












